I PREMIO IBEROAMERICANO DE CULTURA “FRANK COSTELLO”. SEGUNDA PARTE
1) “Nuevas” reglas del arte
Si bien los Premios Nacionales de ningún país implican ser autores del mejor libro anual (eso está clarísimo, y siempre han existido dos lados extremos, desde el purismo de premiar un libro que se llame limpieza hasta la moda de premiar un libro que se llame Mierda, merece la pena celebrar algo que se gana por honores, no porque lo regalen los amigos y colegas de trabajo, como sucede con quienes aceptan un premio sabiendo que en el jurado se encuentra una compañera de la editorial que dirigen. En el jurado de Mierda, por ejemplo, estaban José Pablo Núñez y Sofía Ramírez (https://www.facebook.com/sofia.ramrez1), quien es otra excelente candidata a este premio, pues entre otras cuestiones ha falsificado facturas para extraer dinero ilícito de una de las organizaciones culturales más importantes de su país y ha logrado escabullirse entre los anaqueles académicos logrando sus debidos padrinazgos.
Es indispensable no dejarse engañar por la venta de humo que estas mismas personas, con cinismo, critican. Esto es demasiado penoso y aquí, justamente, es donde la figura de Frank Costello sigue teniendo cada vez más valor. Así circula gente, por diferentes sitios del mundo, utilizando sus supuestos premios y menciones (incluso categorías de “finalistas”) para tener algo con qué defenderse: “currículum”. Necesitan abultar la hoja de vida a como dé lugar y ser arribistas, en muchas ocasiones aferrados como borregos a un gurú, a una gurú, a una capilla o a un lobby, porque de otra forma no pueden ni de broma. No podrán nunca. Muchas son personas bastante mayores, que sobrepasan los cuarenta años de edad, y ya desde años atrás se montan pleitos ridículos de ego porque los dejaron fuera de una antología o se encargan, como editores (antes de ser directores), de atrasar, acaso boicotear, la publicación de libros (ya aprobados por una comisión) hasta que sus autores no eliminen textos que les incomoden, porque atentan contra sus principios morales e ideológicos (¿censura? o ¿censura acompañada de berrinche?).
Este hecho parece estar ligado con aquello que ciertas personas “desnortadas” han empezado a llamar, en cadena, “incels literarios”. Aunque es preferible abstenerse del término, pues deriva de borregos norteamericanizados. Por eso, la censura es un tema que este tipo de individuos “cuestionan” (cuando el neoestalinismo cultural se ve en peligro, por ejemplo, y por ende su lobby, de lo contrario no). Esto permite entender por qué estas personas son adultas por edad en cuerpos y espíritus de niños llenos de berrinches y actitudes infantilizadas. Podrían, incluso, asemejarse con un psicópata cultural. ¿No?
También, este tipo de candidatos a este premio se caracterizan por mentir sin escrúpulos algunos, para intentar silenciar a los demás e intentar dañarles su imagen profesional a punta de mentiras y amenazas. Excelentes mitómanos. A su vez, utilizar la herramienta retórica de origen demócrata norteamericano “discurso de odio” para victimizarse y reducir el peso de las consecuencias de sus acciones adversas a la ley, cuando ellos mismos suelen crearse perfiles falsos para provocar “choteo” o bien hacer uso de ello para hacer bombo de los escritores que integran su secta. Incluso ya expuestos, continúan mintiendo. Estos seres mitómanos son como vacas que murieron ahogadas, pero aun así quieren seguir nadando para ahogarse más, porque saben que, extrañamente, cuentan con el apoyo de ciertos animales de su granja “inclusiva”. ¡Bello y polarizado contexto para inaugurar este premio!
Y para quienes cuestionen a todo tipo de lobby, debido al poder endogámico que tienen, lo que aplica es inmediatamente la fórmula del “choteo”. Son varios los calificativos absurdos que circulan por diferentes medios cibernéticos, algunos de ellos apoyados desde perfiles falsos, pero también reales. Entre quienes apoyan aparentes estrategias mafiosas de este tipo hay gente que incluso ha llegado a cortarse medio pedazo de hígado porque una editorial pública, tomada por cierto grupo (con antecedentes desde los años sesenta), les rechazó un libro y parece ser que necesitan hacerse de una red de cuido, cuanto antes, para no desgastar más sus bilis y bajar antiguas penurias con unos vinitos en un lupanar ya famoso en algún sitio de Centroamérica.
Por esta misma razón, hoy, en cultura, hay personas sumamente limitadas de pensamiento. Hay quienes dicen ser neutrales y apuntan que los “destapaderos” actuales del desagüe de las letras hispanas no están saliendo de Facebook, aunque en realidad no les da el cerebro para producir pensamiento y por eso, aparte de estar llenos de musgo, fango y estiércol, quieren todo cada vez más pobre y vago. No es casualidad que boicoteen libros científicos que no cumplan con sus estándares de vagancia norteamericanizada, asunto que, según ellos y sus absurdas ideas, es una manera de cuestionar el sistema “poscapitalista”, pero luchen por publicar libros prologados con lenguaje en tendencia transexual, con dinero inyectado de por medio, por supuesto, como sucede muchísimo ahora con varios grupos históricamente marginados. Basta con revisar la marcha que hizo cierto colectivo intentando limpiar el nombre de un Estado genocida a cambio de dinero y ni hablar de quienes han utilizado este escambroso tema para hacer mainstream.
Por eso este perfil de ciudadanos aspirantes a este premio se apoya, incluso, en personas editoras que ponen intereses de identidad sexual por encima de la literatura en sí misma, la cual debería admitir ciudadanos en general, más allá de rasgos etarios, étnicos, políticos e identitarios, porque de lo contrario se cae en la censura y por tanto en una dinámica de tipo moral. Un rasgo identitario no debe estar nunca por encima del ser artista, del ser escritor (ser humano en general). Es inadmisible que existan quienes, a pesar de estar asociados a editoriales públicas, hacen uso de sus intereses políticos, sexuales e ideológicos, cuando su tarea principal en esta materia debería ser neutrales, según su goce de salario y ejercer desde la ética profesional. ¿Podría sancionarse esto ante la ley?
Este panorama permite que alguien que se dice llamar escritor, crítico y editor tome un micrófono en una Feria Internacional del Libro Universitario en Guanajuato, México, para decir un poco de tonterías (porque este tipo de personas tienen la cabeza llena de humo y no les da para más. Son neoliberalistas “desnortados”) y luego, en otra ocasión, ponga su foco de atención, respecto a literaturas contemporáneas de su país, en temáticas medioambientales y LGBTIQ+, como si eso fuera lo único y más relevante dentro del campo de lo contemporáneo. ¿Ignorancia supina?
Parece ser que este tipo de individuos están totalmente anquilosados, con el síndrome parasitario del avestruz provocado por un proyecto ideológico globalizador de origen demócrata norteamericano, cuyo propósito es inyectar kilos de boñiga en las venas y destruir cerebros. Por eso, dicho perfil también me remite a quienes poseen redes de cuido para publicarse entre sí. Esto implica solicitar, a quienes han sido publicados o recibido favores de cuido a cambio, “choteo” inmediato en redes y convertirse en “espías cibernéticos” para apoyar y proteger a los conocidos como Reyes de la Selva, quienes nunca actúan de frente, sino como jefes de sicarios culturales, asunto todavía más peligroso, pues se aproxima a las características de un psicópata narcisista.
También este contexto permite que escritores jóvenes caigan en el “choteo” porque deben defender a muerte, con cuchillo y espada, a quien a muerte defendió, siendo jurado de un Premio (otra vez con dinero público de por medio), su libro para que ganara, por ser “oscuro”, etiqueta ridícula y dudosa para definir la calidad de una obra, tan ridículo como defender un libro por asuntos de currículum o por supuesta equidad identitaria. ¿Pero cómo este tipo de personas se apoderan de espacios literarios como para ser jurado? Pues de la misma forma que representantes de cultura, quienes se atreven a hablar de “mafias”, siendo ellos mafiosos mayores, entre otras razones, por haber expoliado dinero de editoriales públicas, las postulan para que sean premiadas por dar supuestos aportes muy importantes para el país. ¿Qué aportes? ¿Traerse un lupercal desde Pompeya hasta Abya Yala? ¡Vaya que eso es internacionalización!
Este mismo perfil de personas me conduce a quienes, con criterios muy vagos, presentan a una persona joven, sin obra vasta para evaluar, como la llegada del Mesías a la poesía de algún país cercano al estrecho dudoso: “es la voz literaria que tanta falta hacía en nuestro panorama”. Esto me dirige, inmediatamente, a aquel comentario populista de quien carga con el apellido del museo más famoso de Madrid, quien dijo más o menos lo siguiente: “Elvira Sastre es un acto de fe, es la poeta que tanta falta hacía en España”. Asimismo, me hace recordar a quienes tienen que defender a acosadores sexuales, premiándolos, incluso, con viajes a festivales por México y el sur de América y que incluso, después de haber sido protegidos, han terminado agrediendo al cuerpo, bajo misoginia, a una escritora, con tal de defender los intereses de su secta, según denuncia pública. También, a quienes, ante el resurgimiento de Dios bajo la lluvia, se atreven a decir que las personas que avalan el acoso y la violencia sexual son principalmente hombres heterosexuales, cuando en realidad los índices de pedofilia arrojan otro dato. ¿O acaso los niños no importan?
Y ni hablar de quienes toman el micrófono en Mafiamérica Cuenta para opinar de política, así como en sus cuentas de Facebook, aunque no sepan ni dónde están parados. Asimismo, se atrevan a hablar en entrevistas acerca del oficio de los escritores, de manera vaga y plana, y criticando los talleres de escritura creativa cuando, de manera incongruente, cobran por ello en su país de origen. Estas personas son las mismas que antes de criticar se les olvida que andan de beca en beca de escritura gracias a sus redes de cuido, no necesariamente gracias a la calidad de sus obras. Es cierto y quizás lo olvidaba, estas situaciones suceden en un país donde hubo un poeta que murió en una moto, según se dijo en cierto poema underground, pero falta decir que hasta la moto del poeta nacional tenía más cerebro que este tipo de escritores, y si acaso quedan dudas de ello, esas dudas tal vez se acaben en la siguiente lectura alrededor de este premio.
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