I PREMIO IBEROAMERICANO DE CULTURA “FRANK COSTELLO”  (CONVOCATORIA ABIERTA)

I PREMIO IBEROAMERICANO DE CULTURA “FRANK COSTELLO” (CONVOCATORIA ABIERTA)

 

I PREMIO IBEROAMERICANO DE CULTURA “FRANK COSTELLO”

(CONVOCATORIA ABIERTA)

 

Por: Yordan Arroyo

NOTA INICIAL:

Este documento presenta, en tres partes, las fundamentaciones del I Premio Iberoamericano de Cultura "Frank Costello". En la tercera parte se ofrece un ejemplo de defensa de candidatura, para que sirva como posible ejemplo de postulación. Por último, en la cuarta parte se presentan las bases, el medio para enviar las candidaturas y la rúbrica de evaluación que se utilizará para seleccionar a los galardonados.

 

1) ¿Por qué honrar hoy a Frank Costello?

 

En algún lugar de Abya Yala, según lo han apuntado en varios espacios cibernéticos, hay varias personas indignadas. A ellas les incomoda ver cómo un jurado con peso universitario tuvo que defender un Premio Nacional de novela no por su calidad y destrezas, asuntos afines desde una perspectiva profesional, sino, entre otras razones relacionadas con el tráfico cultural (o tráfico de influencias, regulado como delito a partir de la Ley N° 8422), por el currículum de un autor, en línea con la defensa vergonzosa “nunca ha ganado un Premio Nacional”.

 

En esta misma línea, aunque de ello no se haya prácticamente hablado, resulta ajeno al ámbito profesional de un jurado defender un premio para que haya “igualdad de género”, más allá de calidad o no literaria. Jurados honestos y profesionales deben premiar libros, no identidades sexuales. Hay mujeres que tienen muchísima calidad literaria y no necesitan que las reduzcan a una excepción. Defender libros y premios por asuntos de identidades sexuales es materia próxima a una dinámica cultural neoestalinista. Por tanto, al haber dinero público en juego, merece la pena hacer una revisión detallada al respecto y precisar responsabilidades por parte de jurados, con el objetivo de identificar el delito conocido como tráfico de influencias.

 

Este tipo de molestias son, en gran parte, entendibles. Por eso, merece la pena hacer publicaciones en medios como revistas y periódicos, principalmente, con la compañía de argumentos, para que queden registros públicos. Y aquí es importante detallar que este tipo de hechos no solo se dan en un solo país ni mucho menos únicamente en Premios Nacionales. Sobre este tema de los Premios Nacionales se pueden ampliar varios asuntos, porque suelen existir evidencias y sugerencia de hechos.

 

Normalmente, varios de los finalistas, en premios muy cerrados (más en países pequeños), por molestias emocionales comprensibles, suelen decir “me robaron el premio”, aunque en diferentes ocasiones los propios finalistas son parte del problema estructural-operativo, es decir, pertenecen a la misma selección endogámica de los ganadores. En diferentes ocasiones están allí por intereses políticos, ideológicos o de padrinazgos en particular, no por asuntos de calidad o destrezas (enhorabuena si fuera así), mientras una larga lista de libros ni siquiera fueron leídos. Uno de los puntos clave a reforzar, sin duda, es el pago salarial a sus jurados, junto con otras reformas serias en donde sea más factible aplicar el peso de la ley. Basta con pensar en las veces que ha ganado un libro sin haber sido ni siquiera seleccionado entre los finalistas. También, las veces que un libro ha pasado del tercer lugar al primero. Asimismo, cuando los miembros de un jurado recurren a inventarse la categoría de “premio compartido”, inexistente en cuanto a normativas.

 

Ahora, para ampliar el asunto es necesario revisar las actas de la ECR. Allí puede leerse cómo un poemario de José Pablo Núñez, quien celebra por lo más alto, en sus redes sociales de Facebook, que lo publique dicha editorial, duró tres sesiones en “discusión” antes de someterse a evaluadores “externos”, porque no era considerado de calidad ni relevante, por tanto, tuvieron que recurrir al lugar común del “currículum” (tema que ya ha sido ampliamente criticado respecto a Premios Nacionales). La defensa gira más o menos en estos términos “consideremos que es director de una editorial importante en el país y además acaba de ganar el Premio Nacional”. Las redes de poder, de padrinazgos o en palabras de Jacques Dubois, de institucionalidad literaria y de capital simbólico, son visibles en ambos casos referidos (también con dinero público, aclaro).

 

¿En qué país, ciudad y época se permiten este tipo de asuntos? Quizás en un sitio en donde un director de una editorial pública avala plagios y asume este tema con sorna, sátira y ningún tipo de profesionalismo ni ética alguna. Ahora mismo recuerdo, dentro de este perfil profesional, a José Pablo Núñez, quien antes de ser director de una editorial universitaria, y construir con su lobby a una plagiadora (una fake writer), era editor, porque como dice el refrán “Perro viejo no aprende trucos nuevos”. Así lo comprueba este comentario, de 2015, en su cuenta personal de Facebook:

 

“Todos somos Marita Ugalde” / “Je suis Marita”

Marita Ugalde, insigne poeta turrialbeña, es una revolucionaria. Tomó un soneto de Marco Aguilar, y no solo realizó algunos cambios, sino que eliminó la división entre las estrofas. Su texto es un ejercicio de deconstrucción que denuncia las estructuras de poder y hace que nos cuestionemos el significado de la originalidad en las sociedades poscapitalistas (o turrialbeñas). Su gesto provoca indignación y eso demuestra su capacidad para hacernos reflexionar. Una grande.  

 

Desde esta perspectiva propia de un Andy Warhol pretendiendo ser un Marcel Proust, o de alguien con problemas de identidad, en Tiquicia aparecieron otras dos “grandes, insignes y revolucionarias poetas”, quienes vinieron a “denunciar las estructuras de poder y hacernos cuestionar el significado de la originalidad en las sociedades poscapitalistas”. Entre ellas, una “ganó”, con nombre artificial, con dinero público en juego y con un texto previamente publicado, conocido y alabado por José Pablo Núñez, director de una editorial universitaria, el Premio Permanente de Poesía de la EUNED de la Revista Cultura. Este tema ha sido denunciado en tierras ticas, pero en apariencia impera el silencio administrativo. ¿Por qué recurrir a silencio administrativo ante lo que algunas personas llaman una simple broma o un simple plagio revolucionario? ¿Qué sucede?

 

En este tipo de casos, devolver el dinero y pedir disculpas públicas, principalmente esta última, son acciones humanas que se valoran, pues no todo mundo tiene ese gesto, acaso humildad y valor, pero yendo más allá de quien realiza la acción en primera persona, es necesario, luego de su análisis operativo, apuntar a la morfología administrativa, para poder exigir medidas y acciones legales contra sus involucrados y hallar padrinazgos estatales que carecen de cualquier tipo de ética profesional. Quizás este sea el nudo para desmantelar casos históricos de tráfico de influencias y como tal exigir la aplicación de la ley ante sus responsables.

 

No es para nada una casualidad que uno de los más íntimos amigos de José Pablo Núñez, siendo abogado, llegara a hablar de la importancia de denunciar a la Premio Permanente de Poesía de la Revista Cultura 2024, pero al ver a su editor involucrado, hoy da la impresión de que ha perdido la memoria y por eso felicita lo que en apariencia parecen ser disculpas honestas. Es totalmente probable que este modus operandi esté sometido a órdenes por favores del pasado y a saber si promesas en el futuro. Este tipo de dinámicas, con el apoyo de un lobby, hacen que Núñez intente refugiarse entre la niebla, según también lo hacía Frank Costello. Sostengo, este mecanismo operativo carece de toda ética y no debe permitirse en la cultura de ningún país. 

 

Por eso no debemos olvidar el caso de quien, con dinero público, envió dos versiones refritas de un libro y ganó tres premios, ahora con sumas altamente elevadas y sin pedir ni siquiera disculpas ni asumir el “error” y la falta de ética. Más bien, con presencia de acólitos, se han llegado a justificar tales acciones, lo que permite desenterrar códigos operativos cercanos a los que ya utilizaba Costello. Tales acciones blindan este digno homenaje al legado y memoria de uno de los mafiosos más reconocidos de la historia. Estos galardones a los que me refiero fueron en Hispanoamérica (UNA PALABRA y Premio Nacional de Poesía de Colombia) y en Europa (Tiflos) y a ellos debemos sumarles otros certámenes en los que recibió mención honorífica o fue finalista (Loewe, José Santos Chocano (con el prestigio de recibir libros con plica abierta y sin pseudónimos), Juan Ramón Jiménez de Coral Gables, María Rosal, Tomás Vargas Osorio y Vicente Rodríguez-Nietzsche). También debo añadir otras versiones refritas con las que intentó ganar galardones como el Eunice Odio y el Aquileo J. Echeverría. Este perfil abultado y falso ha permitido sumar viajes, becas y trofeos. Si nos pusiéramos a sumar montos extraídos quizás podríamos valorar una denuncia por el manejo ilícito de gran cantidad de fondos públicos. 

 

Mientras tanto, frente a todo este análisis de hechos, hay quienes, así como Núñez, desde su asiento de opio, producto fabricado por la corporación “Yunai-Charly Desnortado”, consideran que este tipo de asuntos deben resolverse en los Tribunales. Muy buena idea. Sin duda, él es un erudito indispensable o un crítico literario, como él mismo se llama (quizás por ser de los primeros en estudiar la obra de quien, aparte de tener un amor particular hacia efebos, le pagaba a drogadictos para que le hicieran felaciones), muy necesario para la cultura fragmentada de cualquier país. En este tipo de casos, casi nunca quedan dudas de cómo estas personas llegan a cargos de poder, para luego aprovecharse y hacer uso antiético y poco profesional de ello. Aunque las redes sociales normalmente sirvan para fingir otro perfil (hologramas). No hay que dejarse engañar con estrategias populistas.

 

Casi siempre, este tipo de personas utilizan destrezas mediáticas, como saber sacar provecho de medios de publicaciones (estatales o privadas, incluso creando vínculos entre ambas) o bien fingir ser partidarios de movimientos políticos y ciertas ideologías en favor de grupos marginados (proxenetas y embusteros culturales), con el propósito de construir imágenes artificiales y narcisistas de algo que no se es en realidad, y aprovecharse de ello para ganar súbditos y fanáticos que terminan dando paso a la fabricación de un lobby. Por eso este asunto resulta cercano al caso de Claudine Gay, quien llegó a ser presidenta de la Universidad de Harvard no por méritos propios, según lo demuestran, entre otras, sus acusaciones de plagio, sino por ser partícipe de una tendencia totalitarista, irracional y partidaria de discursos victimistas e infantilizados (todo esto a pesar de los comentarios antisemitas en los que se vio involucrada). ¿Acaso podemos hablar de neoestalinismos en el siglo XXI?

 

El propio Núñez, con gran destreza, ha aprobado dinámicas que pueden ser penadas bajo la ley (tráfico de influencias) y ha llegado a realizar movimientos propios de un gánster con honores, en tanto carecen de toda ética profesional. Detrás de estas dinámicas existe uso indebido de dinero público para ganar adeptos y actuar desde las tinieblas, escondiendo el brazo con el que se lanzan piedras desde una casa con techo de vidrio y soltando pitbulls, entrenados para que salgan a atacar cuando la posición del “Jefe” se pone en cuestionamiento o bien a actuar según él se los solicite.

 

Por tanto, un cargo institucional no debería definir nunca el valor de quien lo ejerce, pues no todas las personas utilizan los cargos de poder necesariamente para el bienestar sociocultural de un país, sino, muchas veces, para intereses personales. Frente a ello, también debe tenerse claro que muchas personas no llegan a un cargo bajo mérito y honor, sino por otras circunstancias, entre ellas aprovechamiento identitario (un profesional de verdad nunca necesitará esto ni victimizarse). Por ejemplo, hay quienes con grandes cargos estatales dedicaron buena parte de sus vidas infantilizando autores e invierten tanto tiempo tomándose fotos sin camisa y en ropa interior, en el gimnasio, en la piscina y en otros sitios donde puedan alimentar su narcisismo, que ni siquiera les alcanza el tiempo para responder un correo electrónico. ¡Pobres!

 

También es importante recordar el perfil de quienes trabajan en una universidad, gozando de jugosos salarios que les permiten viajar por el mundo de festival en festival, pero aun así viven reprochando “la razón académica” y sin dar aportes verdaderamente significativos al Estado. Quizás a este tipo de personas se les olvida que no a cualquiera se le otorga la posibilidad de prorrogar tres veces el periodo para terminar una tesis doctoral a los siete años, sino solo a aquellos que tienen su cuello atado a una argolla dorada. ¿Otro caso de pérdida de la memoria? ¿Cuántos hay? Eso solo lo sabremos, quizás, en las siguientes secciones de este premio...

 


Enlace para acceder a la segunda parte: https://revistaajkoki.com/index.php/ensayos/239-premio-de-cultura-frank-costello

  


SOBRE EL AUTOR:  Poeta y lector apasionado. Máster en “Textos de la Antigüedad Clásica y su Pervivencia” de la Universidad de Salamanca, misma casa en donde es investigador predoctoral. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.