LOS ROSTROS OCULTOS DEL ICEBERG:
SOBRE EL FENÓMENO MARÍA MUSGO
(II PARTE…)
Por: Yordan Arroyo Carvajal
1. Acerca de la polémica de un supuesto caso de plagio/ciberplagio literario: reacciones
El 12 de febrero de 2025 ofrecí mi perspectiva crítica respecto al fenómeno María Musgo y de ahora en adelante desarrollo propuestas e ideas para intentar comprender, desde la sociología literaria[1], ciertos aparatos morfológicos y modus operandi que dieron origen a tal acontecimiento y responder a las siguientes preguntas: ¿cómo se produjo este fenómeno, todavía tan poco comprensible?, ¿será un hecho aislado e individual o producto de la evolución de las capillas literarias, o de grupos afines o similares que en países como México, Colombia, España y Perú interactúan como mafias literarias?, ¿cómo, por qué y qué tipo de capillas existen? De las respuestas que puedan lograrse a lo largo de estas publicaciones podría derivarse otra visión de los campos literarios en la esfera cultural hispano-costarricense.
Algunos académicos y personas vinculadas con el sector literario han ofrecido visiones anecdóticas, hasta desproblematizadas, sobre lo sucedido. Otros lo han reducido a rencillas entre personas y han hecho declaraciones de adhesión o reconocimiento. Sin embargo, esa primera publicación provocó que el día 13 de febrero de 2025, la Universidad Nacional Estatal a Distancia (UNED) en Costa Rica decidiera referirse a este suceso en la sesión 3059 del Consejo Universitario y actualmente haya abierto un proceso de investigación, según corresponde ante un asunto de esta índole. Como ciudadano consciente y crítico cultural, espero que las siguientes partes de este trabajo también provoquen acciones en las instituciones y órganos correspondientes, cuando amerite y, en todo caso, conciencia pensante sobre lo que vivimos.
Posterior a la publicación de mi primer artículo, según he sabido, se iniciaron otras aportaciones dentro y fuera de Costa Rica, aparecieron alertas en otros países, advirtiendo la necesidad de cambios urgentes en las normativas y sistemas administrativos de muchas revistas, editoriales y premios literarios y surgieron, a manera de “réplica”, una cantidad considerable de publicaciones en “Instagram” y en “X” (varias de ellas tergiversadas, convertidas en chisme), dos noticias en el periódico “CulturaCR.net” (con réplicas masivas[2]), un artículo periodístico, a cargo de Juan Pablo Morales Trigueros, en la plataforma de Abecedaria Editoras y una entrevista, a cargo de Geovanny Debrús Jiménez (encargado de “Culturacr.net”), quien luego de haber publicado dos noticias basadas en mi artículo habla, en una entrevista acerca del tema “plagio”, de hallazgos y términos propios de este servidor, pero omite citar mi autoría. En fin, la noticia se terminó convirtiendo en lo mismo que pretendo cuestionar, en el sistema del presente ultrapostmoderno fragmentado.
Me referiré, más adelante, a reacciones sorprendentes de algunos de los actores sociales que estuvieron en la construcción del fenómeno literario que nos ocupa. Dicho esto, es necesario precisar que las primeras sugerencias de duda sobre la naturaleza de los textos de María Musgo provienen del perfil personal de Instagram del poeta, exprofesor y estudiante de la Universidad de Costa Rica, Byron Ramírez Agüero. Él advirtió, por primera vez públicamente, el 6 de febrero de 2025, supuestas acciones de plagio en el libro La piel del lenguaje (2024) de María Musgo y al día siguiente, el 8 de febrero de 2025, hizo una publicación, en su cuenta personal de Facebook, acerca de lo que implica un plagio. Allí sugiere asuntos emocionales, personales y psicológicos detrás de una persona plagiadora y que, según él, deben ser tratados por profesionales lo más pronto posible. ¿Pero cuáles son estos aspectos emocionales, personales y psicológicos y por qué darle espacio a este asunto en el caso María Musgo? Quizás para aclarar que la única responsable es quien cometió el acto cuestionado o quizás no. Para confirmar mi postura crítica, el sábado 15 de febrero de 2025, también a través de su cuenta personal de Facebook, relativizó, con mayor énfasis, las posibles responsabilidades de la persona que cometió el posible plagio y también de otras personas cercanas a ella, que dieron credibilidad a su trabajo, para reducir el problema cultural vivido a simples rencillas.
El objetivo de esta última publicación parece proponer un alejamiento del “alboroto” creado, como iremos viendo, desde mucho tiempo atrás. Aun así, sorprende que haya tratado de restarle valor al resultado de mis hallazgos, cuando él lo descubrió y expuso en su origen. El hecho de que Ramírez Agüero haya relativizado tanto lo sucedido hasta el momento y haya logrado persuadir a unos cuantos, es conocido en el intercambio emocional de las redes, donde los sofismas abundan. Esta actitud revela, en su trasfondo, dudas respecto a comentarios sin antecedentes como el siguiente: “lo que se dijo sobre la obra en cuestión” (Loc. cit). Pero ¿qué se dijo sobre la obra en cuestión y quién lo dijo?, ¿por qué interesa tanto esta persona y a quién o a quiénes les interesa?, ¿quiénes más comentaron la supuesta obra firmada por María Musgo?
Por otra parte, también con respecto a las primeras insinuaciones de plagio, en Instagram, se hace énfasis en lo que alguien dijo sobre la supuesta obra de María Musgo. No se especifica el nombre de dicha persona ni sus palabras. Más allá de las reacciones diversas, se ha desatado una polémica, por una parte, con interpretaciones defensivas, victimización, adhesiones y solidaridades, y por otra, demandas de esclarecimiento, búsqueda de responsabilidades y facilitadores. El problema sigue vivo y requerido de soluciones, porque el hecho no es menudencia: implica personas, instituciones y , aparentemente, hasta posible uso de fondos públicos.
Si algo queda de momento claro es que posterior a las publicaciones de Ramírez Agüero comenzaron ciertas acciones a través de perfiles falsos de Facebook como el de “Santi López”. A partir de este punto es posible ubicar ataques directos contra Gustavo Solórzano Alfaro, cuyo nombre se expone públicamente. ¿Quién o quiénes tienen o podrían tener problemas con él y por qué? ¿Cuáles son las relaciones de este escritor y crítico con la supuesta autora de los plagios? Estas son preguntas difíciles de resolver y abriría el camino a hipótesis cuando no, a suposiciones. Sin embargo, es importante saber que detrás de “Santi López” también existen otros perfiles falsos y frente a este dato desconcertante es necesario detenerse unas cuántas horas, salirnos de las redes sociales y preguntarnos ¿Qué aspectos ontológicos debemos analizar de estas dinámicas cibernéticas? ¿Desde cuándo empezaron las prácticas de censura al pensamiento crítico y de ataques a través de perfiles falsos? ¿Qué tiene que ver esta coyuntura así llamada “María Musgo” con el estado actual de la cultura costarricense? ¿Es posible establecer nexos entre cultura, literatura y política, cuáles, por qué y cómo?
Por otro lado, en términos jurídicos costarricenses, debido a que la Ley sobre Derechos de Autor y Derechos Conexos (Ley N.º 6683) que materializa el convenio de Berna y el Tratado de la OMPI sobre Derecho de Autor (WCT) cubre de responsabilidades jurídicas a quien haya publicado textos con visos de plagio, en caso de ser este comprobado, el siguiente paso sería investigar qué cláusulas contiene el contrato diseñado por la editorial que haya publicado esos textos. Esto nos permite arrojar las siguientes preguntas ¿Qué hará Nueva York Poetry Press, además de retirar el libro de circulación? ¿Qué asuntos condujeron a la publicación de María Musgo, cuyos textos no sólo poseen aparente plagio, sino otros asuntos dudosos de carácter estético, varios de ellos canciones en inglés, convertidas en verso al castellano y extraídas de Spotify y errores básicos de tipo ortográfico? ¿Se tiene conocimiento de que María Musgo es un pseudónimo de una persona de la que no sabemos ni siquiera su fecha de nacimiento? Estas dudas son muy importantes, así como también, considero sumamente necesario investigar, de la manera más minuciosa posible, ¿cuál es el perfil de poesía costarricense que se ha publicado en Nueva York Poetry Press durante el periodo 2018-2024? ¿Qué tipos de estéticas predominan y por qué? ¿Cómo se publicaron tales obras, bajo qué procedimientos y por qué razones?
Por el momento, merece mucho la pena tener en cuenta dos comentarios hallados en Facebook en torno al fenómeno María Musgo, el de los escritores Miguel Cortés (Asuero poeta) y Melvin Aguilar, quienes lanzan una duda, a modo de dardo: ¿Y si se demostrase que el caso María Musgo es acción de varias personas, de un lobby, frente a qué fenómeno estaríamos? (15 de febrero de 2025 y 9 de febrero de 2025). Y aquí agrego, si ese fuera el caso ¿podría tratarse de una acción común y eventual, de un aparente plagio, asunto que sucede quizás todos los días, en diferentes partes del mundo y en diferentes ámbitos (literarios y académicos) de manera muchas veces insignificante, o de actos en donde han participado organizaciones que en otros países de habla hispana, como México, Colombia, Perú y España denominan capillas y, en situaciones más complejas, mafias literarias?[3] A este planteamiento del problema estaré regresando en otras publicaciones.
El asunto de fondo es si el fenómeno María Musgo era, acaso, un hecho aislado e individual (un plagio de una sola persona, como algunos lo siguen creyendo y defendiendo) o producto de la evolución de las capillas literarias, o de grupos afines o similares que implican problemas mayores. Con esa duda en mente, las rutas de esta investigación fueron cambiando su rumbo y adquiriendo mayor fuerza. Por eso, me di a la tarea de investigar los detalles, movimientos y comentarios de las partes involucradas, sobre este tema. Esto me obligó a revisar, en mi anterior artículo, las apreciaciones de Gustavo Solórzano Alfaro y Fadir Delgado Acosta en torno a la excepcionalidad de la aparente voz poética joven costarricense, quien terminó siendo una suerte de fake writer (falsa escritora creada por el sistema de la baja cultura mediática). Allí se consignan sus comentarios, solo un fragmento de cada cual, registrados en sitios relevantes, como lo son una revista y un libro. Ese es un hecho objetivo y mencionarlo no convierte a nadie en persona que busca dañar el nombre de nadie.
Horas previas a esta publicación, me encontré una entrevista de Geovanny Debrús Jiménez, conocedor de mi artículo, quien sólo menciona el nombre de Gustavo Solórzano Alfaro entre los involucrados con el caso María Musgo. Entiendo que este órgano quiera participar en la dilucidación de este hecho, pero no puedo ignorar la posibilidad de que exista un componente político detrás. Hasta donde logré investigar, pareciera haber cierta actitud de diplomacia cultural, pues Debrús ha pertenecido al Partido Acción Ciudadana (PAC) aparentemente desde su fundación y Solórzano Alfaro brindó su expreso apoyo a Carlos Alvarado para que fuera presidente durante el periodo 2018-2022. Debrús conserva en público su inclinación política inicial, Solórzano Alfaro, desde 2019 aproximadamente,[4] manifestó su descontento con Carlos Alvarado, sin embargo hoy, según lo iremos viendo, muestra inclinaciones por la filosofía postmoderna woke. ¿Habrá nexos entre este fenómeno cultural y la esfera política? ¿Existen nexos entre la esfera política y personas y organizaciones del campo literario?
Quedan muchas pistas por analizar y muchos cabos sueltos del rompecabezas por unir. Hasta el momento, lo que más me interesa como investigador es desplazarme a partir de la siguiente hipótesis: quizás el fenómeno María Musgo no sea para nada un hecho aislado, como muchas personas lo creen, defienden e intentan hacerlo ver, de comentario en comentario a través de Facebook y en otros espacios virtuales y no virtuales, sino un hecho que todavía el mercado hispánico de las letras y cultura general no ha comprendido ni asimilado, porque no existen investigaciones previas de este tipo y por eso nunca antes se habían tenido en cuenta, de la manera que aquí propongo, las funciones, como sujeto agente, que han adquirido las redes cibernéticas de la web 2.0 en este tipo de dinámicas literarias, de cara al futuro de la crítica literaria[5].
2. Estado crítico de la cuestión del fenómeno “María Musgo” en las letras hispano-costarricenses
Morales, quien escribió un artículo de tono divulgativo, tras ser el segundo acerca del tema, recupera algunos asuntos ya tratados hasta hoy, entre ellos, referir “irregularidades graves en los textos”, “presencia, sin mencionar nombres[6], de personas que exaltaban a María Musgo como poeta”, “comentarios, en su mayoría violentos, prejuiciosos y sesgados, de todo tipo en redes sociales[7]”, “una inclinación preocupante hacia la cultura del espectáculo y con ello un déficit importante en la cultura costarricense”, “sin mencionarlo así, el problema que en este contexto generan ciertos nativos digitales[8] y la era de la desinformación”, “falencias en el sector editorial y de medios digitales” y “qué existe detrás del sistema y cómo esto afecta o involucra a ciertos jóvenes”. Por su parte, nutre el terreno en disputa con otras aristas que sistematizo y comento enseguida.
1) Ausencia de análisis respecto a obras que él considera atractivas y que podrían brindar un aporte a la crítica literaria local: Propongo preguntas angulares para entender el fenómeno María Musgo de manera más profunda en este sentido: ¿qué posición al respecto poseen las entidades encargadas de formar personas con pensamiento crítico-creativo en Costa Rica, entre ellas escritores, docentes e investigadores?, ¿qué filtros se asumen a la hora de contratar profesores universitarios?, ¿qué equipos y grupos de investigación existen en el país y por qué no han tomado partida en el tema?, ¿qué tipo de personas (perfiles/CV) están leyendo y pronunciando su parecer respecto al posible descubrimiento de lo que en otros países de Hispanoamérica han llamado mafias literarias?, ¿qué grado de comprensión existe respecto al presente cibernético y de cara al futuro?
Por el momento, sólo existe un artículo científico, así lo defendió, el día sábado 15 de febrero de 2025, el investigador y escritor Iván Molina Jiménez en su perfil de Facebook. A su vez, en el macrosistema virtual opera una dinámica mediática, propia del siglo XXI[9], aunque en cierto punto importante, porque ha comenzado a poner en entredicho la figura de algunos catedráticos y profesores de la Universidad de Costa Rica (UCR), la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad Nacional Estatal a Distancia (UNED) con tendencias hacia una filosofía e ideología neoliberal postmoderna (desentendimiento ante la falsedad, carencia de argumentos sólidos, cierto cinismo y desproblematización) y seguidores de la ideología postmoderna woke, según lo iré mostrando a lo largo de mis trabajos.
En términos generales, noto una esfera neutral, en parte esperando información para opinar con mayor profundidad, y otra parcializada, comentando de manera improvisada y con claros intereses de por medio. Entre algunos de los comentarios, presumen aparente misoginia y clasismo en mi primer artículo. Las afirmaciones del caso advierten que me refiero a dos mujeres plagiadoras (sin considerar la cantidad de hombres que menciono, poco más del triple) y que no apoyo el mundo cibernético, por tanto, interpretan que es clasismo y por eso vivo en España. Aquí, puntualmente, aparece una lectura sesgada, porque yo estoy opinando desde el sistema mediatizado, soy parte y partícipe de él, más o menos como lo asegura Riffo (2015).
Este nublado panorama me permite llegar a la conclusión de que gran parte de la “sociedad mediatizada” no ha logrado comprender la propuesta hecha respecto a la diferencia entre la alta cultura y la baja cultura mediática, donde operamos casi todos hoy, aunque no con la misma prudencia/sensatez, ni con los mismos objetivos o intereses. Para revertir este sesgo crítico quizás habría que escribir un artículo sobre el tema o impartir una conferencia y no es mi propósito en este momento. Por eso, a partir de este instante, me dedico a exponer varios ejemplos costarricenses respecto a tales dinámicas estudiadas, de manera similar a como lo hacen, en artículos de Riffo o en el libro de Rodríguez Gaona, ya citados.
La dimensión del fenómeno María Musgo va más allá de las limitaciones a las que cualquier autor se enfrenta, según el artículo divulgativo de Morales. También es notable cierta inclinación hacia las personas involucradas, con pruebas, en el fenómeno María Musgo, ¿catedráticos y docentes universitarios absorbidos, según parece, por el paradigma de la baja cultura mediática?[10] y esto tiene una matriz ideológica y epistémica de fondo. Finalmente, dicho documento omite razones de peso científico y plantea un posible cierre para dedicarse a lo que denomina “literatura”. ¿Cerramos o profundizamos en el trasfondo del problema? ¿Qué es literatura[11] o qué entiende cada quién por tal concepto?
No plantearse dudas ante este tipo de problemas literarios abre puertas a presuntas personas responsables del asunto para que sean ignoradas y todo el peso siga cayendo, como si de canibalismo cultural[12] se tratara, contra el heterónimo plagiador, contra sólo uno de los críticos involucrados o a veces contra un máximo de dos personas.
Por otra parte, en palabras de Morales “...lo que más debería despertar nuestro interés es qué tipo de sociedad produce a una autora plagiaria...”[13] En ese punto, quien escribe aquí coincide con él, pues de allí surgió, en gran parte, la idea de trabajar este asunto con mayor profundidad.
2) Detección de tres elementos centrales que han provocado una discusión profunda de libros a lo largo de los años, tales asuntos son el plagio, la calidad dudosa y el contenido blasfemo[14]: Esta partitura es bastante significativa para justificar mis argumentos, porque Morales se apega a la premisa de que el trasfondo de mi primer análisis fue el aparente “plagio”[15], cuando en realidad esa ha sido solo una parte del problema e incluso eso explica por qué fue fundamental proponer el término propio ciberplagio, que algunas personas ni siquiera han comprendido. Repito, en mi primer artículo únicamente introduje un peculiar fenómeno cultural y a partir de este momento explico y analizo sus procedimientos o modus operandi para intentar llegar a su trasfondo.
3) La valiosa pregunta respecto a qué hace Costa Rica con los fondos destinados al sector cultura: Esta duda problematiza un patrón operativo de fondo y, como ya lo anunciaba desde mi primer texto, es muy necesario evaluar y transformar lo más pronto posible si se pretende mejorar a la cultura costarricense y su producción literaria (incluidas editoriales, revistas, talleres, maestros de formación y comprensión lectora, premios[caso jurados], presentaciones de libros, creación de artículos y reseñas, entre otros aspectos del sector agente). La pregunta aquí es la siguiente: ¿resulta válido emplear fondos públicos en promover artistas que acaban siendo aparentemente plagiarios o impostores?
4) Falta de formación de ciertas personas para detectar plagio, porque siempre, según parece, se termina dependiendo de “otros” para que asuman la tarea: Este punto es muy valioso. En este sentido la explosión del caso María Musgo ha resultado muy necesario para abrir una reflexión crítica respecto a las precauciones y medidas que deben tomarse ante una cultura del espectáculo cada vez más dependiente de realidades impostadas. Esto incrementa los deseos de fama, cancelación, grosería, cinismo, soberbia y falsedad. El interés, sea individual o para una o varias capillas literarias, por obtener cada vez más reconocimientos y poder en esferas cibernéticas y de la manera más acelerada posible, anquilosa el pensamiento de cualquier ser humano y lo convierte en su rehén, conduciéndolo a cometer acciones apresuradas.
5) La última buena polémica fue la de Carlos Gagini y Ricardo Fernández Guardia: Aunque Morales esté citando a Alexander Sánchez Mora como autoridad, me parece un comentario que carece de argumentación[16] y está fuera de época. Sánchez no se ha referido al tema como podría esperarse de un catedrático universitario e integrante de la Academia Costarricense de la Lengua. No ubico un artículo suyo, sea de tipo investigativo o periodístico. Eso sí, me adelanto a decir algo fundamental que se está ignorando. Las dinámicas, conflictos, pugnas, entre otros asuntos socio-discursivos, varían según épocas y contextos. Aquí, estamos frente a un acontecimiento único que aglutina aspectos que le competen al siglo XXI, entre ello, entran en juego las redes sociales como sujeto agente y el uso que de ellas hacen ciertos grupos para provocar “alborotos” entre sectas, grupos, cenáculos, capillas y quizás, a saber, hasta mafias.
Aquí, el vínculo personal de Sánchez con ciertas personas asociadas con la UCR parece ser ápice de sus opiniones sobre la polémica, aunque inscritas en un paradigma evidentemente de la baja cultura mediática y no de la universitaria. Esto ha provocado, también en el gremio de la UCR, que ciertas personas duden de la existencia de María Musgo y otros sugieran cierta actividad por parte de ella, con lastimadura de género, asunto que se sale totalmente de la crítica filológico-cultural.
Ahora bien, si con algo estoy totalmente en desacuerdo respecto al trabajo de Morales es con dos criterios en particular:
- a) “el plagio es un delito, eso lo entiende todo mundo”: No, no “todo mundo” lo entiende, a ese aspecto ya me referí. Por eso, muchas personas ni quisiera lo han asimilado. María Musgo es parte de una generación específica de nativos digitales. Muchas de estas personas no han contado con la formación o asesoría suficiente como para saber del todo que plagiar es delito, según lo amparan las leyes recientes y que, como tal, deberían enseñarse y respetarse. A este punto volveré en otras ocasiones. Ya dije, en mi primer trabajo, que conozco casos de varias personas que plagian por falta de conocimientos en la materia. Es necesario investigar más este terreno. Estoy seguro de que es posible hallar muchos ejemplos[17].
Por otra parte, no podemos ignorar que el paradigma postmoderno woke[18] avala y le interesa la idea de un arte para todos y de todos, en tanto se pierde-camufla o difumina la figura del autor o la autora y con ello sus derechos[19], por considerarlo un invento capitalista. Creo haber trazado, con sus debidos fundamentos, una línea diacrónica en torno al complejo tema plagio desde Roma y no pienso volver a detenerme en ese aspecto. Eso sí, en la línea de ignorar este tipo de ideas críticas camina parte del pensamiento costarricense y mundial, pues noto una avalancha de sesgos de todo tipo, incluida la carencia de inteligencia emocional.
- b) Por sacado de circulación el libro, las personas deben dejar de opinar en redes sociales: Aquí hay que ingresar con pinzas porque no: es un fenómeno cultural que merece evaluación detenida y responsable. Debemos eliminar todo tipo de acto mediático violento, de injurias y de canibalismo cultural, con mayor razón si no se tienen pruebas y argumentos válidos para hacerlo. Pero cuidado, porque el fenómeno María Musgo no es un plagio/ciberplagio como tal, eso es tan solo una primera capa del iceberg, en la que Morales, con su artículo, decide quedarse. Propongo un tejido subterráneo que es necesario desmenuzar, como filólogo, de ahora en adelante, porque sólo así podremos darnos cuenta de la gravedad de un hecho que, según mi hipótesis, se encuentra relacionado con el enfrentamiento de bandos de poder en el sector literario costarricense, pero ¿por qué y para qué? Todavía no es el momento para ofrecer respuestas de este tipo.
3. Capillas y mafias literarias: aproximaciones desde la sociología de la literatura
Mi propósito en este espacio es ofrecer un acercamiento crítico que hasta hoy no ha sido dilucidado en la crítica costarricense. Me refiero al concepto de capillas literarias, con el afán de que podamos distinguirlo del término, así utilizado desde finales del siglo XX en diferentes países de habla hispana, mafias literarias. Esta tarea es importante porque pueden confundirse. Ambos se diferencian, principalmente, en su estructura ética y ontológica. Aunque pueden tener ideas que se corresponden entre sí, poseen actitudes y misiones distintas (modus operandi).
A grandes rasgos, una capilla es un grupo literario que opera, sin lugar a dudas, en la legalidad y se atiene a normas éticas de respeto a sus miembros, a los públicos que los acompañan y leen sus obras y a las comunidades y al país en que se desenvuelven, mientras las mafias literarias, conservando claves de honor y fidelidad, se alejan bastante del marco ético-jurídico de la “polis”, para establecer sus propias cláusulas. Por eso, no es para nada una casualidad que, según Castilla (1998), el poeta español José Ángel Valente viera en las capillas literarias del sistema español pequeñas dictaduras. Una capilla opera en un atardecer ya cayendo, una mafia lo hace en la oscuridad de la noche. El alcance, los procedimientos y los atrevimientos son distintos[20].
Ahora, a grandes rasgos, asumo aquí las definiciones de mafia que maneja Celis (2008), porque se adaptan mucho a un fenómeno visible en el campo literario, en donde los juegos de poder, las disputas por obtener objetivos vinculados con el honor, las agrupaciones e instituciones de todo tipo asociadas a la visibilidad de un respectivo grupo de autores, las artimañas como equipo, las estrategias retóricas de cinismo, sofismas, mentiras y las cláusulas de fidelidad grupal son constantes y comunes. Esto también lo comprueba Camacho (2010), quien al analizar la edición en castellano del libro ya clásico, de un asunto iniciado en Italia, pero hoy mundial, The Sicilian Mafia. The Business of Private Protection de Diego Gambetta (1993), comenta que “mafia” es, sin duda, un concepto polisémico. Esto permite que existan mafias en las academias, en el campo literario, en las presidencias de un país, en instituciones religiosas, en entidades asociadas con ciertos grupos que fueron conocidos como “subalternos”, entre otros asuntos que sólo pueden valorarse a partir de hechos.
Este panorama permite entender el comportamiento de ciertos bandos literarios como este tipo de agencias. Todos sus integrantes suelen ocultar su modus operandi para protegerse unos a los otros y niegan ser parte e integrar una mafia literaria[21]. En caso de caer uno de ellos o verse involucrados en algún problema, de igual manera, nunca delatarán a sus compañeros, porque como organización, la fidelidad y compromiso con los demás y para los demás es uno de los principios identitarios más importantes. También, recurren a tácticas para mantenerse cerca de sus enemigos y de esta forma evitar evidencias de hechos. Tales dinámicas, visibles, según estudios, desde finales del siglo XX, tal cual lo muestran, más o menos en Iberoamérica, Cienfuegos (2013) y González Rojo (1975)[22], son arquetípicas. Para una mafia no importa el contexto, aunque sí, desde mi punto de vista, el manejo de las redes sociales y el sistema cibernético en general que posea cada organización.
A las ideas anteriores debo agregar que el mundo virtual se ha convertido en una herramienta clave (sujeto agente) para que estas organizaciones puedan llevar a cabo sus objetivos legales (capillas) o ilegales (mafias), utilizando, en la mayoría de casos, perfiles falsos, porque de lo contrario, podrían exponer a sus demás compañeros/integrantes[23]. La lucha por mantener a una mafia en secreto es clave y, por eso, resulta fundamental investigarles. Para analizar este tipo de dinámicas, me parece necesario convertirse en una suerte de guarda infiltrado en una cárcel (redes sociales) e iniciar un trabajo de investigación de campo (cibernético). Es necesario observar, a la manera de un panóptico, en silencio y con sensatez, los comportamientos, relaciones personales (tráfico de influencias) y movimientos (en varias ocasiones de tipo político) de los integrantes de las distintas capillas; es importante realizar apuntes de cada detalle y ubicar pistas, también, esperar con prudencia el momento cuando haya pruebas suficientes, prever posibles estrategias de acción y después exponerlas y analizarlas a partir de métodos como las sociologías literarias y las sociologías de análisis empírico/experimentales[24].
Ahora, resulta importante comprender el campo semántico en el que se desenvuelven estas organizaciones. Para Celis, toda aquella persona iniciada en ellas, como si de un ritual se tratara, pierde su categoría de individuo para convertirse en grupo[25]. A su vez, sus integrantes suelen considerarse, a sí mismos, personas de honor, en tanto dejan de ser “yo” para convertirse en “nosotros”; en tanto abandonan la noción de “él” para transformarse en “uno de los nuestros”.
Aquí, las redes sociales como Facebook (anteriormente blogs)[26] colaboran mucho, como herramientas de ocultamiento de identidades, como sujetos agentes, pues contribuyen en el acto de construir honores y honras ficticias en torno al perfil de una persona. Esta dinámica de lenguaje mediado por ordenadores permite que cualquier mafia resulte bastante difícil de desmantelar, más en la era del espectáculo, la vanidad y el consentido postureo de falsificadores culturales. A raíz de este asunto, en muchas ocasiones el capital simbólico de una persona termina construyendo, en el receptor, un imaginario muy lejano de lo que realmente existe detrás de la máscara del actor y de su trabajo[27].
Para mi próximo avance de la investigación, aparte de las dudas que he venido arrojando a lo largo de estas páginas, las preguntas clave serán: ¿qué tiene que ver el fenómeno María Musgo con el tema de las capillas y las mafias literarias? ¿Habrá mafias literarias en el contexto cultural-literario costarricense? ¿De qué manera podemos responder, a partir del pensamiento crítico, a estas dudas? (Continuará…)
4. Referencias
Bosser, S., y Noël (2022). Robert Escarpit, forerunner of the socioeconomic approach to publishing. Communication & langages (211), pp. 3-19.
Castilla, A. (5 de mayo de 1998). “Valente compara las capillas literarias con pequeñas dictaduras”. El País.
Céliz Sánchez, A. (2008). La Historia del Crimen Organizado: Los Mafiosos y Narcotraficantes más Conocidos. Editorial Libsa.
Cienfuegos, A. (2013). Poesía y corrupción. Un ensayo testimonial de las mafias literarias en México e Iberoamérica. Revista hispanoamericana de cultural (30). https://saladeprensa.wordpress.com/2017/06/08/poesia-y-corrupcion-un-ensayo-testimonial-de-las-mafias-literarias-en-mexico-e-iberoamerica-por-antonio-cienfuegos-145/
Europa Press Cultura (3 de agosto de 2001). “El escritor mexicano Arturo Azuela lamenta el poder de las "mafias literarias" de su país”. https://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-escritor-mexicano-arturo-azuela-lamenta-poder-mafias-literarias-pais-20010803112825.html
González Rojo, E. (15 de diciembre de 1975). Prolegómenos a una sociología de la mafia literaria. Rumbo (46). https://zapateando2.wordpress.com/2010/02/08/prolegomenos-a-una-sociologia-de-la-mafia-literaria/
Hakim, C. (2012). Capital erótico: El poder de fascinar a los demás. Debate.
Llaven. Y. (27 de diciembre de 2007). Retoma René Avilés Fabila el tema de las mafias de la cultura en México. La Jornada de Oriente. https://www.lajornadadeoriente.com.mx/2007/12/27/puebla/cul109.php
Morales Trigueros, J. P. (14 de febrero de 2025). "El plagio del lenguaje: el caso de la literatura costarricense contra una autora llamada María Musgo". Abecedaria Editoras. https://abecedariaeditoras.org/el_plagio_del_lenguaje/?fbclid=IwY2xjawInNJNleHRuA2FlbQIxMQABHXxg3EMSmToATnemsM-zVLS5LPr-P_JQCXuzI2mpDx3F2__vCeXRJ6tdgQ_aem_bKaOWugADq4i45oHEvwxJA
Oviedo. J. M. (21 de julio 2021). “De mafias, sectas y otras fantasías literarias.” Ómnibus. Especial: El Encuentro de narradores peruanos en Madrid. https://www.omni-bus.com/congreso/debate/oviedo1.html
Ríos, M. (26 de julio de 2024). “Mafias literarias”. Lima gris. https://limagris.com/mafias-literarias/#google_vignette
Robledo, J. (8 de septiembre de 2010). "El canibalismo como práctica cultural". BBC. https://www.bbc.com/mundo/ciencia_tecnologia/2010/09/100908_canibales_cultura_vh
Rodríguez Gaona, M. (2023). Contra los influencers. Corporativización tecnológica y modernización fallida (o sobre el futuro de la ciudad letrada). Editorial Pre-textos.
Tejeda, A. (2011). El canon literario español está dictado por las mafias (6), Biblioteca Babab. https://www.babab.com/no06/enrique_vilamatas.htm
ANEXOS
(Material de investigación propio)
- Primeras publicaciones de Byron Ramírez Agüero en su Instagram (6 de febrero de 2025):





- Primera publicación de Byron Ramírez Agüero en su Facebook (8 de febrero de 2025):


- Primera publicación de Byron Ramírez Agüero en su Facebook a partir del artículo periodístico de Juan Pablo Morales (14 de febrero de 2025):

- Primeras reacciones de Santi López en Facebook (8 de febrero de 2025 en adelante):





- Mensajes de duda por parte de los escritores Miguel Cortés y Melvin Aguilar (15 de febrero de 2025 y 9 de febrero de 2025):


- Primera publicación de Gustavo Solórzano Alfaro respecto al poema que resultó ganador del Premio Permanente de Poesía de la EUNED de la Revista Cultura y las primeras elevaciones de María Musgo en el escenario literario hispanoamericano (27 de diciembre de 2023):

- Anuncio de Gustavo Solórzano Alfaro del lanzamiento de la Revista Cultura de la EUNED, donde aparece el poema “Voy a pasar con vos los días tímidos del verano” firmado por María Musgo (1 de septiembre de 2024):

- Publicación del lanzamiento de la Revista de Cultura de la EUNED donde se registran los respectivos ganadores en poesía y cuento (1 de septiembre de 2024):
- Captura de pantalla de envío de solicitud de amistad por parte de “Santi López” (captura hecha hace poco más de una semana) (cerca de octubre de 2024):

- Captura de pantalla del perfil falso de “Santi López” (captura hecha el 7 de septiembre de 2024):

- María, como mujer, atacada en diferentes medios cibernéticos (21 de febrero de 2025):

- De investigación a chisme mediático (todavía no he respondido si es María Musgo el mayor caso de plagio de las letras costarricenses, 14 de febrero de 2025):

- Comentarios de dos profesores de la Universidad de Costa Rica (15 de febrero de 2025):
12. Publicación cómico-burlesco de Gustavo Solórzano Alfaro acerca de Elon Musk (16 de febrero de 2025):

NOTAS
[1] Me dedico a estudiar hechos vinculados con capillas literarias acaso mafias, en Costa Rica, el campo literario y sus agentes de poder en la sociedad mediática costarricense y analizar su impacto en las redes culturales del país.
[2] Algunas de estas réplicas muestran una clara intención de ataque a la integridad de María, como ser humano. Tal es el caso de “defensoresdelverbooriginal” en Instagram.
[3] Para un panorama bastante extenso, escrito por críticos y escritores, en su mayoría mexicanos, véanse Ríos (2024), Oviedo (2021), Cienfuegos (2013), Llaven (2007), Europa Press Cultura (2001), Tejeda (2001) y González Rojo (1975).
[4] A partir de este momento toda la tendencia progresista del país prescinde de su apoyo debido a su inclinación hacia la ideología de derechas.
[5] Tengo conocimiento acerca de algunos trabajos sobre los blog y su ingreso en el campo literario costarricense, sin embargo, este no es el espacio idóneo para detenerme a analizar sus tendencias discursivas. En otra ocasión regresaré a profundizar en ese asunto, pues quizás ayude a comprender, en buena medida, el presente de las letras costarricenses y a su vez, arrojar dudas en el campo cultural hispánico.
[6] Al omitir nombres, Morales permite, indirectamente, dudar si además de los nombres mencionados en mi primer artículo podrían agregarse otros con las debidas pruebas. En cuanto a publicaciones oficiales, incluidas revistas y libros, yo diría que no, pero cierto es que en Facebook muchas personas hicieron comentarios de todo tipo. Sé, personalmente, de un poeta costarricense que ha pedido, sin escrúpulos, linchar a María Musgo y no permitir, nunca más, que vuelva a publicar. Esta persona asume, entonces, la función de juez-deidad. Sin embargo, al hacer una revisión de datos, encontré que él apoyaba las publicaciones que de esta autora hacía en revistas digitales. Por tanto, merece la pena valorar qué intereses existen detrás de estos comentarios tan contradictorios. Parece haber un afán de estar bien con las partes involucradas, evadiendo sus posibles responsabilidades.
[7] Aquí Morales agrega y precisa la discusión en las redes como “linchamiento público”, mismo que, por razones que desconozco, se ha declinado y arremetido públicamente, con señalamientos directos, contra tres de las partes involucradas: Gustavo Solórzano Alfaro (con reacciones a favor de “Santi López”), María Musgo y Nueva York Poetry Press (en este caso, como entidad responsable de haber publicado el libro sin las aparentes precauciones. Incluidos están la directora Marisa Russo y su editor, según lo pronuncia el propio libro, Luis Rodríguez Romero [aunque en este momento parece evadir su presencia en el caso]). Otros de los comentarios sólo sugieren responsables a través de términos imprecisos como “poetas y académicos” o en ciertas ocasiones mediante mensajes con tono burlesco que ponen en aparente entredicho el papel de ciertos académicos en Costa Rica.
[8] Continúo utilizando el término acuñado por Rodríguez Gaona.
[9] Para ser absorbido por la baja cultura mediática no es necesario no tener formación, títulos, cargos importantes, acceso al conocimiento ni grandes rasgos económicos. Puede verse como una suerte de virus cibernético que provoca desmesura en personas vinculadas con la cultura, quienes han construido una realidad ficticia en su redes sociales, una máscara, y se desviven por sostenerla, a veces individualmente, otras veces como bandos, dispuestos a atacar y protegerse si se les impugna. En caso de interés por una de mis primeras lecturas para introducirme en el tema, recomiendo el artículo de Riffo respecto al paso de la cultura de masas a la cultura mediática en España (sociedad mediatizada) y por supuesto el libro de Rodríguez Gaona.
[10] Las únicas partes involucradas que se han mantenido distantes de ambas publicaciones son Marisa Russo, quien no ha mostrado ninguna manifestación, pero, según se puede apreciar, ha mantenido relaciones diplomáticas con todas las partes involucradas y de manera indirecta, Gustavo Solórzano Alfaro, quien ha mostrado su parecer a través de insinuaciones de tipo «“quedó prohibido” apoyar escritorxs (máxime si no tienen aún 90 años)», “Suelen ser escritores o editores sin talento” y por intervenciones de allegados suyos, asunto al que ya me referiré de manera detallada en otra ocasión. En términos generales, ninguna persona ha realizado una declaración asumiendo, con claridad, responsabilidades ni aceptando, humildemente, los errores cometidos (sin necesidad de comillas).
[11] No logro comprender, a vista de hoy, este concepto sin contemplar los textos de escritura creativa, los hechos literarios, las instituciones literarias, los agentes, vectores y dinámicas literarias.
[12] Pienso en el artículo periodístico de Robledo (2010), para quien el canibalismo se puede asociar, en el campo cultural, como una práctica de competencia, de deseos por poder o derribar a otro. Vemos, entonces, cómo este concepto, al igual que los de mafia y sicario mutan y pueden utilizar perfectamente la esfera de la cultura.
[13] Ya mencioné lo contradictorio que es este criterio en el documento de Morales, pues al final busca evadir la profundidad del problema.
[14] Aunque es posible añadir más, por ejemplo, congresos dedicados a un autor y también, actividades académicas alrededor de una respectiva obra literaria.
[15] Valoremos la importancia de hablar, con precisión, de ciberplagio cuando lo hay. Existe una generación de nativos digitales, donde ubico a María Musgo, que perdió la noción de autoría, tal cual se desvaneció en el propio poder del imperio de la baja cultura mediática (acceso a internet sin precauciones, formación ni pensamiento crítico alguno). Es válido seguir el rastro de tales ideologías, desde su posible origen en el contexto del ultrapostmodernismo fragmentado hispano-costarricense.
[16] Sobre por qué una persona como Alexander Sánchez Mora pretende cubrir la dimensión de este tema, a eso me dedicaré en otra ocasión.
[17] En la propia Margot Rot, quien comparte rasgos generacionales con María Musgo (copió y pegó textos de ella en La piel del lenguaje, 2024), he notado aparentes incidentes textuales de plagio. Este asunto amerita una investigación por aparte, pues gran parte de estas generaciones no han sido instruidas en este aspecto, así posean titulaciones. Por eso, son capaces de trasladar, del inglés al castellano, versos y títulos, al pie de la letra, aparte de las plataformas anteriormente comentadas, de Spotify. María Musgo sería un buen ejemplo de autores de este paradigma de la baja cultura mediática. Véase aquí su listado de canciones hechas poemas: https://open.spotify.com/user/317lm2pisbxv5lzcplbfawym52ty#login
[18] Resulta interesante notar apoyo por parte de uno de los involucrados en el fenómeno María Musgo, y de allegados suyos, hacia esta tendencia. Esto es visible en una publicación suya, con evidente tono cínico y en lenguaje postmoderno woke, término al que me referiré más adelante.
[19] Aunque esto es un error. Los textos publicados en libros, por ejemplo, por Alejandra Pizarnik son de ella, así estén en Instagram como supuestos anónimos. Aquí debe imperar la sensatez (alta cultura) del internauta a la hora de enfrentarse a dinámicas de la baja cultura mediática en el ultrapostmodernismo fragmentado.
[20] Ahora mismo pienso en el caso de la escritora mexicana Carmen Boullosa, quien envió la novela El complot de los románticos al Premio de Novela Café Gijón para hacer bulo de las capillas literarias y aun así resultó ganadora. Es decir, la premiación dio vida a su propia novela.
[21] Me parece atractiva y bastante precisa la siguiente idea de Camacho (2010) al respecto: “Los mafiosos son, pues, empresarios de la protección y desarrollan su actividad para garantizar transacciones tanto legales como ilegales” (p. 210).
[22] Este parece ser el primer estudio publicado, propiamente sobre mafias literarias..
[23] Esto remite a la idea de orden propuesta por Camacho (2010), “tanto en el interior de las organizaciones como en el contexto social en el que actúan” (p. 211).
[24] Téngase en cuenta el artículo de Bosser y Noël (2022) respecto a Robert Escarpit.
[25] Y como tal, aunque no lo haya encontrado en ningún trabajo, propongo que deben tener un nombre que los identifique.
[26] Como ya comenté anteriormente, a este asunto de los blogs corresponde regresar luego, establecimiento un estado crítico de la cuestión y un posible análisis de hechos.
[27] Muy al respecto, téngase en cuenta Hakim (2012), quien habla del impacto que puede llegar a tener el capital erótico de una persona en sus receptores.
SOBRE EL AUTOR: Poeta y lector apasionado. Máster en “Textos de la Antigüedad Clásica y su Pervivencia” de la Universidad de Salamanca, misma casa en donde es investigador predoctoral. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
