MARÍA MUSGO, ¿EL MAYOR CASO DE PLAGIO  EN LAS LETRAS COSTARRICENSES? (I PARTE...)

MARÍA MUSGO, ¿EL MAYOR CASO DE PLAGIO EN LAS LETRAS COSTARRICENSES? (I PARTE...)

  

 

MARÍA MUSGO, ¿EL MAYOR CASO DE PLAGIO

EN LAS LETRAS COSTARRICENSES?

(I PARTE...)

 

Por: Yordan Arroyo

1. Prolegómeno

 

Actualmente, en Costa Rica[1], el plagio, término muy controversial, es un delito en el que están involucrados el autor o autora y en varias ocasiones quienes transfieren, recomiendan, imponen y avalan sus textos o publicaciones en distintos medios (libros, revistas, premiaciones, presentaciones), es decir, una serie de agentes y promotores literarios. Para ello es válido hacer lectura, entre otras, de la ley 8656 respecto a los derechos de autor y derechos conexos, en específico, algunos artículos como el 53, el 57 y el 58 ofrecen información detallada. En el caso de los críticos literarios, no evidenciar un fenómeno que le compete a la historia de la cultura o justificarlo los convierte en cómplices de una falsificación universal que carece de todo profesionalismo y ética, e incluso pone en duda las destrezas creativas e intelectuales de quien cometa acciones de este tipo y de quien las acepta y promueve. Hace tres días se desató una polémica intensa en torno al libro La piel del lenguaje (Editorial Nueva York Poetry Press, 2024) de María Musgo, joven costarricense. Ofrezco mi visión crítica respecto al tema. 

 

Por eso, al recibir una “sugerencia” para que no expusiera mis opiniones respecto a este tema, una de las motivaciones principales de este artículo, no pude ignorar mi lectura del libro Contra los influencers. Corporativización tecnológica y modernización fallida (o sobre el futuro de la ciudad letrada de Martín Rodríguez Gaona (2023). Pienso que hay que redefinir nuestras funciones,  ante una sociedad doble moral, de ideologías huecas y torcidas, donde impera la posverdad, la vanidad, la violencia, la falta de educación, la ansiedad por el brillo y el ascenso, la carencia de matización y el postureo. Es importante especificar que en este asunto no debe importar la edad, el género, la nacionalidad ni las condiciones socioeconómicas. Hago la aclaración porque esta sociedad tergiversa cada vez más todo, como una forma de evadir el enfrentamiento global del problema. 

 

Es claro que detrás de un plagio hay distintos seres humanos involucrados. Se entiende perfectamente que hay emociones, sueños y otros asuntos en juego, pero en casos como el presente hay muchas dudas que plantear y sólo actuando se puede abrir el ágora. Por más que se pretenda desdibujar o atenuar el asunto, no es posible abrir el espacio para justificaciones que incluso lleven a convertir en víctimas a los ejecutantes, porque aquí no sólo parece haber un posible delito implícito, sino varios y es esta una de las vigas de mi artículo. Por eso, sin ánimo de quitar responsabilidades, puedo adelantar que no sería sólo María Musgo la involucrada. Ella es parte de un inmenso problema, quizás el instrumento de un sistema que otorga premios improvisados, abre espacios dudosos, coloca antojadizamente a personas en cargos estatales y otras dignidades, se hacen favores uno al otro y ofrecen y realizan publicaciones por amiguismos o asuntos propios de la degradación de lo político, en un país aparentemente democrático y de alto reconocimiento internacional como es Costa Rica.

 

En este contexto, una mujer joven fue presentada como la gran promesa de la poesía costarricense. ¿Será que María Musgo se encuentra hoy en el centro de un matadero woke [2] que mucha gente teme señalar porque allí podría ser pasto de varios sicarios culturales? ¿Dónde están quienes la lanzaron a la arena y hoy esconden la mano?, ¿Montaje de una burla en las letras costarricenses, a partir del caso de la obra “Comedian” de Maurizio Cattelan? Estas interrogantes son una guía de lo que el público lector puede esperar en las siguientes páginas.  

 

2. Breve historia y conceptualización del plagio en la literatura

 

Aunque este texto pretenda responder si estamos ante lo que pareciera ser el mayor caso de plagio en las letras costarricenses, resulta necesario remitirme a una de mis mayores pasiones, la Antigüedad, pues a través de ella he aprendido que las historias de las literaturas son, quizás, amplias historias de plagios. Pero precaución, dicha idea debe manejarse con cuidado. No pretendo abrir campo a justificaciones, todo lo contrario, está aquí en prevención de quienes se asoman al oficio de la literatura sin inocencia y sin la cautela de no cometer posibles y diferentes tipos de fraude

 

Estamos frente a un tema muy complejo y por eso hay que tener muchísimo cuidado a la hora de redactar un artículo. La palabra plagio, desde su etimología también antigua, ya presenta evoluciones interesantísimas. Por ejemplo, según revisión de errores en algunos trabajos, debemos tener cuidado a la hora de intentar asimilar el término griego πλάγιος (plagios) con el latino plagium (cultismo de plagio), de raíces indoeuropeas distintas (*plak-1- y *plak-2-), pues la primera de ellas se refiere a una forma geométrica y la segunda a un golpe, particularmente ejercido contra esclavos ajenos, para apropiarse de ellos (sigue siendo más o menos lo mismo. Hay hurto de por medio).

 

Para Álvarez (2012), durante mucho tiempo, la palabra plagio se utilizó en el campo legal para referirse a la venta y compra de esclavos por parte de un plagiarius (de donde surge el concepto de plagiario literario). También, cuando se secuestraba a un esclavo. Por detrás suelen existir estrategias de seducción, en varios casos con niños. Esto provoca una relación semántica con la pederastia. A lo largo de la historia cultural ha existido una condición psicológica detrás del plagiador. Esta figura necesita hurtar algo ajeno por diferentes razones: inseguridad, deseo al lucro, baja autoestima, entre otros asuntos que es necesario analizar con precaución y según cada persona.  

 

Como lo demuestra Quintiliano[3], el acto de copiar y pegar textos de autores canónicos, o de manera más precisa, la imitatio[4], era una herramienta (incluso puede hablarse de un arte), tomando prestadas las palabras de Francisco García Jurado, utilizada para “subirse en el coche”[5]. Por esta razón, hasta aproximadamente el siglo XVIII[6], se consideraba, abiertamente[7], un ejercicio de creación artística cuando un autor pretendía acercar su estilo al de escritores así llamados mayores (gravis stylus). Este asunto iba muy de la mano con la clasificación de autores (gravis stylus, mediocris stylus y humilis stylus) según la Rotta Vergilii, cuya primera aparición data entre 1230 y 1240 en la Parisina poetria de Juan de Garlandia.

 

Frente a este panorama, es necesario dirigirme particularmente hacia Roma y pensar en uno de los mayores epigramistas de la historia literaria, Marcial. Este poeta hispanorromano nos ofrece el posible primer registro de la palabra plagiador en el terreno literario: Hoc si terque quaterque clamitaris, / Impones plagiario pudorem:  Si lo repetís tres o cuatro veces / rojo se pondrá el rostro del criminal de versos (I, 52, trad. propia, subrayado propio). Allí está haciendo referencia a un hombre, de nombre parlante Fidentino (en alusión a la fidelidad), quien se apropia de versos ajenos y los hace pasar por suyos en los recitales[8]. Esto permite que sintamos muy cerca este texto, porque justamente, a pesar de que no dejen de aparecer personas luchando por ser consideradas “novedosas”, “nuevas”, “vanguardistas”, entre otros términos, muchos poetas antiguos, sin preocuparse por modas y clasificaciones, sino más bien dedicarse a escribir, resultan ser más modernos que muchos autores de hoy.

 

Aunque, para que comprendamos la dimensión del asunto, también Marcial anuncia, en el resto de su poema, a través del uso retórico de la paradoja, la otra cara de la moneda, que no existen libros como tal de un autor, pues los versos son libres de caer en manos de otro y por tanto no puede considerarse delito. Si bien sorprende que esta visión de libros y textos libres para que puedan ser copiados por todos siga intentando imponerse por ciertos gurús y amantes de ideas provenientes en su mayoría del mundo anglosajón, por lo menos desde mi criterio y mi ética, tales visiones son imposibles de avalar hoy. Este asunto se precisa bastante bien en esta cita:

La era del plagio autorizado, aunque vergonzante, culmina con la Revolución y la emergencia de todas las formas de la propiedad individual. Si bien todavía en el siglo XVIII la lista de los plagios sigue siendo larga, se trata del último aliento de copiadores impunes. Hasta entonces, el arte era un homenaje de la creación al Creador, una repetición imitativa de la creación. El siglo XVII asiste a la llegada del  individuo,  que  reivindica  para  sí  la  propiedad  de  su  obra. (Maurel-Indart, 2014, p. 33, trad. L. Fólica)

 

A diferencia de los antiguos, hoy existen leyes de propiedad artístico-intelectual, construidas durante siglos, para bien, pues esto, desde un punto de vista ontológico, ampara al sujeto como creador-tejedor. Si acaso se pretende omitir esto o se ha intentado tergiversar el asunto es fruto de una peste cultural de la cual es necesario preocuparse, me refiero a la desinformación. Tales normativas sancionan el plagio y permiten presentar este tema como un delito, por eso, en las siguientes secciones pretendo atender posibles tipos de infracciones que aparecen detrás del caso María Musgo y ofrecer, en el tiempo prudente, otro artículo, en donde propongo un espacio de diálogo crítico al público, incluyendo a quienes me han dirigido todo tipo de insultos, amenazas, intento de soborno, burlas y suposiciones vulgares, mientras yo estaba callado, sin el uso de máquinas artificiales ni apoyo alguno, descubriendo que este tema resulta ser más amplio y más grave de lo que en principio parecía y muy importante para los estudios filológicos de cualquier país.

 

3. De las intertextualidades a los copy paste : ¿un salto hacia el vacío de la ultrapostmodernidad fragmentada?

 

Primero, debo dejar bastante claro que la historia de libros acusados de plagio es amplísima y compleja. Para delimitarme a la modernidad, debemos considerar obras como The Waste Land (1922) de T. S. Eliot, Diana o la cazadora solitaria  (1994) de Carlos Fuentes, Las intermitencias de la muerte (2005) de José Saramago, Tríptico del desierto (2009) de Javier Sicilia y de manera más controvertida y como parte de los límites de las estéticas posmodernas: El hacedor (de Borges), Remake (2011) de Agustín Fernández Mallo.

 

A su vez, el caso Musgo no es el primero con un autor novel, quienes, según parece, suelen estar bastantes vulnerables a la hora de ser descubiertos, pienso, por ejemplo, en las novelas u óperas primas “Bolivia Construcciones (2006) de Bruno Morales, pseudónimo del argentino Sergio Di Nucci, y Axolotl Roadkill (2010) de la alemana Helene Hegemann” (Pereyra, 2020, p. 465). Este hecho es producto del necesario cuestionamiento que han tenido gran parte de los estudios de transtextualidad o de recepción lectora, pues si no se utilizan con cuidado y rigor (tanto para escritores como para investigadores) pueden conducir hasta extremos y banalidades sofisticadas de todo tipo.

 

Hay personas que opinan de cirugía sin haber operado nunca ni siquiera un muñeco de trapo y por eso confunden la intertextualidad bien aplicada con el plagio. Basta con sentarse a leer a Mijail Bajtín, quien nos habla de los dialogismos como aquellas redes que se van si acaso alimentando, enriqueciendo, pluralizando, con la incorporación de diferentes tradiciones literarias. Asimismo, Julia Kristeva, recuperando el pensamiento de Bajtín, lo conduce hacia un más allá y crea el término intertextualidad, en tanto, comprendo, debemos entender las obras literarias como campos de atracción en donde pueden entrar en diálogo diferentes literaturas.

 

Frente a este asunto, no puedo negar que muchas personas han trasladado tales posibilidades de heterogeneidades dialógicas hacia dimensiones que conducen a la falta de cordura, misma que ha dado origen a un amplísimo grupo que han decidido dar el salto hacia vacío de lo que quiero llamar la ultrapostmodernidad fragmentada. En este contexto en particular, aparece una enajenación del ser, quien ha perdido cualquier tipo de sensatez y límites y ve, en un río, infinitas piezas fragmentadas de un rompecabezas con el cual puede jugar y banalizar sin límites. Este asunto, quizás, ya era uno de los grandes temores de las estéticas posmodernas[9], a las cuales me he referido en varias ocasiones y que no debemos confundir con estas versiones mutantes, en donde aparecen personas queriendo decir, básicamente, que la libertad del autor se encuentra en el plagio. Hemos llegado, sin duda a los extremos de la aparente democratización literaria y esta es una de las razones que justifican este tipo de trabajos.

 

Es muy distinto, insisto, añadir intertextos en una obra, a veces como pistas o juegos creativos con el lector y con el propio autor, quien se pierde varias veces entre los narradores y los personajes de una novela, por ejemplo, u otras veces dándoles variantes estilísticas y estéticas, según corresponda, que cometer plagios. Dejemos de caer en débiles artimañas retóricas. Por ejemplo, ciertas personas, entre ellas docentes universitarios y un número amplísimo de escritores han estado justificando o dudando de la cadena de plagios del poemario La piel del lenguaje (2024), en vez de invertir ese tiempo en ir más allá y detectarlos. Parece que nadie se ha sentado a cuestionar si sólo esa obra se burló de medio Costa Rica y otras zonas del mundo. Si validamos este ejercicio, resulta importante proponer este tipo de dinámicas de investigación con otros libros, porque quizás hemos sido engañados, durante mucho tiempo, por diferentes obras literarias costarricenses, y en caso de ser así, debemos exponerlo también, según corresponda, porque nuestras historias literarias requieren más profundidad y acción.  

 

4. El caso de María Musgo en el presente ultrapostmoderno de Costa Rica

 

En primer lugar, aunque se hayan borrado poemas de diferentes plataformas digitales entre ellas revistas, varios textos firmados con el pseudónimo María Musgo siguen apareciendo en sitios como Samoa, Periódico de Poesía de la UNAM, Poéticas Marcianas y La Raíz Invertida. Quise iniciar una investigación de los textos firmados por Musgo y publicados en tales de medios, con la intención de verificar la autenticidad de su autoría  y así acercarme, desde una postura crítica, a la posibilidad de plagio y al porqué de este hecho.

 

Comienzo con La Raíz Invertida porque allí aparecen aspectos fundamentales. Cito en primer lugar, el comentario de la poeta Fadir Delgado Acosta: “una joven poeta que entra al mundo de la poesía asumiendo el lenguaje como un salto para desaparecer; pero también con la consciencia de que no basta el dolor para escribir” (el subrayado es propio). En la cita noto cierta consciencia de que Musgo es una persona joven y que apenas está empezando, pero ¿por qué se acelera el coche tan rápido? Me permito esa pregunta porque al hacer una revisión de comentarios de poetas en tal medio, difícilmente Delgado hace referencia a los poemas de otra autora o autor con la admiración que lo hacía con los aparentes poemas de Musgo[10] y aunque está en su total derecho, insisto, se corrió más de la cuenta. No debemos dudar de que esta época fue feliz con este tipo de acciones, porque si algo caracteriza a este periodo es el amor hacia lo veloz, lo efímero y banal, que entra y sale en un abrir y cerrar de ojos.

 

Pero el comentario anterior no es el único y digo esto con fundamento porque las palabras del poeta Gustavo Solórzano Alfaro en la contraportada de La piel del lenguaje (2024) me confirman un problema que ya he venido comentando en Costa Rica desde 2021. Allí, este crítico asegura: “María Musgo es la voz literaria que tanto hacía falta en nuestro panorama […] original, única, inesperada” (el subrayado es propio). Debido a la calidad bastante cuestionable de textos que no son de ella, sino tomados de plataformas digitales (se leen como tal, esto es bastante evidente), es dudoso que puedan darle un valor tan alto al libro de Musgo y para atreverme a decir esto tengo en cuenta una cantidad importante de poetas que ni siquiera leemos ni conocemos, me incluyo. Hay gente valiosa, jóvenes y no jóvenes, escondidos escribiendo y bien. Pero difícilmente ciertas personas y editoriales corren detrás de ellos. Entendamos que esto es parte de un sistema bastante cuestionable y como tal, debemos desmenuzarlo como intentar comprenderlo.

 

Por eso, hay un error que no es colectivo, pero se acerca. Acerquémonos a dos hipótesis que propongo: 1) quienes apoyaron a Musgo o la lanzaron a la hoguera nunca se dieron cuenta del plagio, no  confrontaron sus originales en la Web; 2) alguno sospechó, pero no verificó, por exceso de entusiasmo. Ahora bien, ¿cómo confrontamos esto? Noto una cultura enferma: tose y estornuda al frente nuestro desde hace mucho tiempo. Grita auxilio y no le prestamos atención.  ¿Por qué correr tanto con los jóvenes e intervenir desde los adultos, en su proceso? No sólo hablo de Musgo. Yo ya he hecho varias advertencias sobre este fenómeno de intervención en lo joven y pocas personas han escuchado o han querido hacerlo. El tiempo sigue respondiendo, dando su lugar como sabio y mejor maestro. ¿Qué pretensiones existen? Dejemos a esta población respirar, probar, experimentar, caer, golpearse, aprender el oficio en silencio: a amarlo y acariciarlo y a ganarse un lugar con el tiempo, con honestidad y esfuerzo. No los subamos en la carreta del humo porque hacemos daño y no sólo a ellos. ¿Es ese un buen ejemplo? Respeto a quienes saben hacer su camino, así estén jóvenes, pues los hay valiosos, por los caminos claros, con honestidad, calma, en silencio y cuando corresponde, en soledad.

 

Frenemos la ansiedad y la alta velocidad de esta era tan sedienta de gloria, aplausos y fama. Esto por un lado, porque viéndolo desde otra perspectiva: sí, quizás nos hacía falta la presencia de María Musgo, pero para hacernos ver que hay muchísimas situaciones que debemos cambiar y de las cuales aprender. Cierto que no fue la mejor manera, y por eso espero que se haga justicia y nos enseñe a ser humildes, aceptar el error, levantarnos, corregirnos y aprender. ¿O acaso necesitamos más Marías Musgo[11] para reaccionar? Si no podamos el jardín y limpiamos bien la casa, este fenómeno, en tiempo incierto de las inteligencias artificiales como la ChatGPT seguirá creciendo hasta ahogarnos.

 

Por su parte, al ingresar en La Raíz invertida ubiqué un dato fundamental, una suerte de pista que me condujo al descubrimiento de muchos más textos copiados y pegados. No pretendo colocar todos, sólo me interesa proyectar lo que ya era evidente, pero mucha gente ha insistido en no querer ver los plagios. Allí, Musgo dice ser autora del poemario inédito Palabras tectónicas. Al leer ese título y tener como antecedente plagios registrados en La piel del lenguaje (2024), pensé inmediatamente en el libro homónimo, publicado por el poeta argentino Pablo Romero en 2022 y abrir espacio para dudas, comprobémoslo:

 

Pablo Romero es reconocido en plataformas digitales por integrar una lista de poetas jóvenes argentinos con proyección de su voz dentro y fuera de América, entre ello, recientemente su poemario La jaula del hambre (2024) fue publicado por la editorial Pretextos en España. Quiero hacer énfasis, particularmente, en el asunto de las plataformas o Alejandrías digitales porque va a ser el medio donde Musgo va a encontrar una posibilidad de copiar y pegar textos, a la manera de mapas cibernéticos, para construir aquello que no podemos llamar del todo su obra, porque no es de su autoría.

 

Preciso: las publicaciones en estos medios permiten acceder a la obra de muchos autores que antes no podíamos leer salvo que compráramos sus libros, pero vuelven los textos más vulnerables a procesos de plagio. Según Rodríguez Gaona (2023), existe una infinita lista de autores, que para el caso España denomina “nativos digitales”, en donde debo incluir, aunque en Costa Rica, a Musgo, que, propongo, utilizan este medio como su biblioteca, a veces incluso editorial privada, y presentan una tendencia común y particular por un tipo de poesía de tipo sentimentaloide, facilona, de tendencia pop, de muy pocos versos (en su mayoría cuatro), conversacional, con temas de autoayuda, pero de mucho gusto entre estas poblaciones y con facilidad de hacerse virales en plataformas como “Instagram” y “X” porque son de muy fácil comprensión o entendimiento. ¿Esto quiere decir que este problema también lo han provocado los lectores? Sí, porque son una suerte de consumidores y hoy muchas editoriales apuestan por ese consumo. 

 

Esta población digital hace que sus obras sobrevivan de estos espacios, alimentándose y recogiendo textos allí publicados, sin importar quién es el autor ni otros asuntos. No existe una conciencia al respecto y ni siquiera importa. No saben ni siquiera qué es un verso, qué es prosa, qué es rima, nada entienden de figuras retóricas, entre otros asuntos, pero intentan hacer literatura. Al respecto, no debo ignorar que muchas veces se es demasiado inocente por la falta de formación literaria y asesoría respecto a qué puede y qué no puede hacer un autor, porque todos tenemos derechos a utilizar textos de otros artistas, a la manera de un dialogismo, utilizando el término de Bajtín, pero cuando sea manera directa, como copy paste (lo cual no es algo propio del siglo XXI), debemos utilizar sea comillas “XXXXX”[12] o letras cursivas XXXXX. Esta es una manera de indicarle a la comunidad lectora en general, e incluso a nosotros mismos, que un fragmento pertenece a otro escritor y quizás se está intentando abrir una red de tejidos con una obra específica por razones distintas, no necesariamente de orden estético.

 

Tras investigar el contexto de Musgo, asunto que difícilmente ignoro en mis trabajos, con mayor razón en este, para tener claros  los orígenes sociales, la formación y oportunidades  de la autora, sigo sin obtener mucha información, sin saber, por ejemplo, cómo llegó al gremio literario de San José, pues, hasta donde pude averiguar, hace quizás dos años o poco menos era una persona totalmente distante del mundo cultural (salvo por plataformas digitales). Sin embargo, un día decidió empezar a acercarse a personas del medio literario josefino.

 

¿Es María Musgo responsable del acto de elevar su nombre tan rápidamente para hacerlo trascender entre las cúpulas literarias costarricenses, sin ni haber empezado un trabajo concienzudo de formación literaria?, ¿por qué estas personas no se dieron el tiempo para conocerla más, acercarse a sus momentos de escritura, entre otros asuntos que uno vive, normalmente, en este asunto de aprender y vivir la escritura poética? No puedo avizorar cómo explicaremos  este fenómeno. Debemos de esperar las explicaciones de los participantes.

 

Quedan muchas lecciones para los distintos sectores:  para el sector editorial, para los directores y editores de revistas, publicaciones en revistas (aunque algunas ya estén más adelantadas de la cuenta), para los críticos literarios y los correctores de estilo, para quienes hacen  la presentación de libros y comentarios respecto a un autor; para los que se lanzan a líderes maestros de escritores jóvenes; para los jurados de premios que actúan con ligereza y daban por ganadora del Aquileo (premio nacional de poesía en Costa Rica) a una autora que apenas está en sus primeros pasos.

 

Estamos a tiempo de mejorar. Necesitamos aceptar errores, buscar corregirlos, exigir varias respuestas y hacer muchos cambios para poder levantarnos como país de esta bochornosa situación. El principal objetivo, desde una ética profesional apropiada, es crecer culturalmente. Debemos evitar que un acontecimiento como el presente vuelva a repetirse y tener en cuenta que hay que investigar los textos literarios sin ignorar esta posibilidad. Ni siquiera podemos saber actualmente si este es el caso más extremo de plagio en nuestras letras costarricenses. Indagar este tipo de prácticas a profundidad puede abrir un abanico de investigaciones importantes.

 

La ignorancia llega a tal nivel que hoy la señora Elena Manzanarez Juárez se está  atreviendo a acusarme de plagio por haber citado, en mi libro Bitácora de 13 navegantes en Pan-de-Mar (2023), la primera antología de poesía puntarenense en la cual trabajé junto con ella y Gabriela Toruño Soto y que se publicó en 2019. ¿Se me acusará también de plagio por mencionar aquí este grotesco hecho provocado por la desinformación? Repito, es notable la falta de capacitación en diferentes ámbitos.

 

Estuve hace unos años, por ejemplo, en Puntarenas, dando talleres gratuitos a personas, unas con más talentosas que otras, y de vez en cuando les salía uno que otro destello. Eso sí, ese no era lugar para venderle humo a absolutamente nadie. Dejo la duda. Aunque también, al ser tantísimos ejemplos, quizás, simplemente la mayoría de costarricenses cayeron en una ilusión, un producto creado por el propio sistema, por la desesperación de varias personas. Esta, de eso sí no tengo dudas, ha sido una burla más de muchas (y las que tal vez todavía desconocemos). Es bueno aceptarlo y abrir campo a estas posibilidades.

 

Dicho esto, respecto al plagio con la obra de Pablo Romero, cito dos ejemplos, el primero aparece en la Revista La Raíz Invertida mediante el título “3”, correspondiente a “Un poema en el que no estás”, del poemario Palabras tectónicas (2022). Enseguida, coloco primero el texto original, que puedo asegurar Musgo lo tomó de alguna revista cibernética, de Instagram o cualquier medio digital (es importante que tengamos esto muy en cuenta para comprender mejor que estamos frente a un fenómeno en particular), y luego el ejemplo de plagio a través de una captura de pantalla propia:

 

Uno es un hombre acostumbrado

a esperar

y después de tanto (te digo)

estoy convencido que los poemas

no se arrancan:

se cosen al revés, quiero decir

hacia dentro:

 

el lenguaje es mercenario

y cualquier precio es poca cosa

es muy poco lo que damos

a cambio de lo escrito.

 

Cuando termine este poema

vas a desaparecer.

 

Estoy convencido, te digo:

la representación es el cuerpo

mutilado del lenguaje

una miguita pobre incapaz de saciar

el hambre de lo dicho.

 

Uno es un hombre acostumbrado

a perder

y siempre es más lo que se pierde.

 

Uno anda por los días con poemas

cosidos al revés

(quiero decir para adentro)

porque las palabras no se arrancan

y escritas se encarnan como uñas

se tensan como músculos

como se tensa un corazón.

 

Cuando termine este poema

vas a desaparecer

me digo

rogando que sea cierto.


 

 

 

 


 

El único cambio de un texto a otro es el paso del género masculino al femenino; pero lo demás es igual. Por más que haya personas que pretendan utilizar este aspecto y quieran retorcer el asunto utilizando la teoría de la recepción hasta los extremos, por ejemplo, diciendo que este cambio tiene una razón estética, de empoderamiento a la mujer o cualquier aspecto cercano a ideologías excusadoras, está claro que eso sería bastante cuestionable y perdería toda posibilidad de rigor. 

 

Ahora, en la revista Periódico de Poesía de la UNAM, bajo autoría inédita de Musgo, aparece el poema “5” (en captura de pantalla propia), correspondiente al poema “DÉJÀ VU”, sin ningún cambio (como se observa en mi captura de pantalla), también del libro Palabras tectónicas (2022) de Pablo Romero:

 

Al borde del mundo está el mundo:

 

hay que ir más allá para poder apreciar

el brillo de la palabra brillo

la oscuridad del verbo desear.

 

Hay que aprender a mirar de cerca:

soy un terreno baldío

un tesoro saqueado

una cuchara vacía en una mesa

muy pobre.

 

Pienso en vos cuando las cosas faltan.

 

Mentiría si dijera que nunca tuve ganas

de partir para poder despedirte

con una lágrima en la mano

con la memoria a rojo vivo

y el corazón entre los dientes

 

mentiría si dijera que nunca tuve ganas

de partir para ser quien se va y no

quien espera

 

mentiría si dijera que no pienso

en nosotros cuando escucho

un plato contra el piso

cuando veo en sus pedazos

la imposibilidad de volverlos a juntar.

 


 

 


Ahora, un segundo caso, en la ya citada revista La raíz invertida, aparece con el título “I” y corresponde con el texto “Voy a pasar los días tímidos de la primavera contigo. Voy a dejar que nos crezca musgo alrededor” de la uruguaya Josefina G Paz, quien contrario a Pablo Romero no es una autora con libros como tal, sino que, siguiendo el método de los así llamados “nativos digitales”, vive del mundo mediático y se dedica a escribir textos en la aplicación Medium, reconocida por, según Google Play, ser “una enciclopedia de la experiencia en internet”. Allí publicó, el 18 de octubre de 2021, el texto en mención. Coloco las capturas de pantalla del texto original y su posterior copia:

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 


 

Respecto al plagio de este ejemplo, los dos únicos cambios se encuentran en la presencia de la palabra “verano” en vez de “primavera” y la "septiembre" por "diciembre". Esto, aclaro, no permite dar pie a posibilidades algunas de decir que no es plagio. Pero esto no es lo que más me interesa, pues debo confesar que al hallármelo quedé profundamente sorprendido, porque mientras buscaba cuántos poemas firmados por María Musgo sobrevivían en la web, me enteré de que ella ganó el Premio Permanente de Poesía de la EUNED de la Revista Cultura y lo hizo, sorprendentemente, con el citado texto de la uruguaya Josefina G Paz, según se puede confirmar enseguida:

 

 

  

Al encontrarme con este hallazgo, en donde, como acción común en Musgo, se pasa el texto en prosa a verso (parte de él), quedé rotundamente sorprendido de ver cómo este fenómeno costarricense llegó a tal magnitud, rozando no sólo las esferas de una universidad tan prestigiosa como la UNAM en México a través de su Periódico de Poesía, sino también de una de las principales universidades públicas de Costa Rica, la UNED. Esto confirma mis opiniones respecto a lo mal que se encuentra la cultura costarricense, pues es injustificable que esto haya sucedido. Este es un hecho histórico único que debe marcar un antes y un después no sólo en este premio, sino en todos los galardones del país, pues es obligatorio saber

¿Es María Musgo responsable del acto de elevar su nombre tan rápidamente para hacerlo trascender entre las cúpulas literarias costarricenses, sin ni haber empezado un trabajo concienzudo de formación literaria?, ¿por qué estas personas no se dieron el tiempo para conocerla más, acercarse a sus momentos de escritura, entre otros asuntos que uno vive, normalmente, en este asunto de aprender y vivir la escritura poética? No puedo avizorar cómo explicaremos  este fenómeno. Debemos de esperar las explicaciones de los participantes.

 

Enseguida, en la revista Poéticas Marcianas aparece un texto sin título, con el primer verso “si abrieras justo aquí te diría:”, el cual es otro plagio completo a la ya anteriormente citada nativa digital Josefina G Paz, según puede comprobarse en las siguientes capturas de pantalla propias:

 

 


 

 

  

Aquí, además, en su biografía, Musgo coloca la siguiente frase de Alejandra Pizarnik “Qué significa traducirse en palabras”, sin embargo no especifica autoría. Al respecto, debo aclarar que tal dinámica con esta cita, según pude constatarlo, es sumamente común entre internautas jóvenes en plataformas como “Facebook”, “Instagram” y “X”. Esta actitud de desconocer el mérito a los derechos de autor integra una de las características principales de esta generación de nativos digitales.

 

Por último, en el blog Samoa, según pude investigar, aparentemente de un poeta costarricense (dada la falta de certeza debo dejar el dato con su respectiva ausencia de nombre), aparece un ejemplo muy interesante para su análisis dentro del contexto que aquí me he permitido exponer:

 

 

 

 Me interesa mucho este ejemplo y por eso lo dejé de último, porque noto una clara ingenuidad por parte de Musgo. Enseguida brindo las respectivas argumentaciones. En primer lugar, es necesario decir que cualquier persona con mínimo acceso a internet, un ordenador y una base menor de cultura, podrá verificar que gran parte del texto está construido a partir de cláusulas comunes en espacios digitales, particularmente en “X” o accediendo a “instagrameros”. Y esto no es del todo un reproche, pues en ese el mundo en el que ha crecido Musgo, el internet es el sitio con el que convive. Si se nota, en los últimos cinco versos del poema “*” coloca, estoy seguro que muy inocentemente, fragmentos que pertenecen al libro Mil mesetas: Capitalismo y Esquizofrenia (2015) y por tanto, son una traducción de José Vásquez Pérez de una cita de Gille Deleuze y Félix Guattari. Esto conduce a un plagio doble, de los autores y al no seguir el debido formato de detección de textos ajenos, del traductor (no darle los debidos derechos a un traductor también es plagio, lo vimos hace unas semanas cuando expuse el caso de Irene Vallejo en España, respecto a una traducción de un nuevo fragmento Eurípides, realizada por el helenista Luis Arturo Guichard). Precaución, no olvidemos que esta cita, debido a los peligros del mundo mediático, en donde se apela por la pérdida de los derechos intelectuales-creativos y que todo sea democrático ha perdido su autoría en redes sociales. En este punto aparece la delgada línea entre el buen uso o el malo que le podamos dar al internet. No cualquier persona se va a detener a investigar si tal referencia pertenece a alguien, porque el sistema de la baja cultura mediática no promueve este tipo de acciones, todo lo contrario. Es necesario cierta cuota de criticidad para conocer muchos de los peligros de estos espacios. 

 

Especifico, no debemos caer en el error, la simpleza y la seducción de pensar que Musgo copia y pega dicho pensamiento, en torno al lenguaje, del libro en mención publicado por la editorial Pre-textos en España. Al tener presente el contexto cibernético en el que se mueve, como nativa digital, y en el que se desenvuelven sus plagios, podemos afirmar que la expresión podría ser tomada de cualquier sitio de internet. Para fundamentar esto basta con indagar un poco y darnos cuenta de que la frase robada, ingenuamente (pues no hay ni comillas ni uso de letras cursivas), se ha reproducido, en la cultura de masas, como uno de los más importantes aforismos, pero ya sus autores se han perdido, dejaron de importar, lo cual es un síntoma común de la ultrapostmodernidad (hablo de una época, no una estética [posmoderna]). El texto aparece acompañando fotografías, selfies, videos, pensamientos y todo tipo de publicaciones, pero sin otorgar derechos de autor porque es lo que este sistema pretende imponer y lo están logrando, tenemos con nosotros esta prueba y podemos sentarnos a hallar más. 

 

Vivimos entonces, con ejemplos de este tipo, como lo menciona muy bien Rodríguez Gaona (2023), la ácida caída de la Ciudad Letrada. Los nuevos imperios están siendo construidos por quienes impusieron redes sociales como “Facebook”, “X” e “Instagram” para que cada vez pensemos menos y caigamos seducidos por el espejo de lo mediático. La única manera de batallar con fuerza contra este tipo de situaciones es fortaleciendo nuestra educación y nuestra cultura. Por eso, me resultan todavía más ingenuos los lectores que no quieren enterarse de esta situación y mucho peor aún si intentan justificar estos ejemplos y otros diciendo que no es plagio.

 

Hubiera sido un caso interesante que Musgo utilizara estos recursos para burlarse de sus lectores, a la manera de Jorge Luis Borges, como parte de un proyecto estético, pero estamos claros que este tipo de juegos o manipulaciones con el lenguaje y las tradiciones literarias las hace alguien con más madurez y trayectoria. En su caso es distinto, hay ingenuidad, sí, pero el plagio (luego precisaré esto, pues sólo compete cuando hay libros involucrados) es rotundo debido a su horizonte como lectora. Su biblioteca se encuentra en el internet de la baja cultura mediática y sin una formación de cuestionamiento respecto a gran parte del material que allí aparece y cómo aparece. Aquí sí es válido hablar de una “generación” de nativos digitales, aunque no a la manera tradicional, por edades, pues hay personas que sobrepasan los 50 años e incurren en este tipo de actitudes a pesar de las leyes vigentes. María Musgo se convirtió en una metáfora de los efectos de la ultrapostmodernidad en el sistema cultural costarricense. En esa dinámica acrítica ella no está sola, hay muchísimas irresponsabilidades por detrás.

 

No es para nada una casualidad que luego de hacer una revisión minuciosa del libro La piel del lenguaje (2024), yo haya descubierto distintos "plagios" (ya utilizaré luego otro término) provenientes de espacios digitales de la web 2.0. Desde una postura crítica, al unir todas las piezas sueltas de este problema, entiendo que Musgo ha encontrado una biblioteca cibernética, pero en espacios no de la alta cultura, sino de la baja cultura mediática (que, repito también depende mucho del uso que le demos, cómo nos acerquemos y con qué propósitos), y no contó con el debido asesoramiento para comprender qué podemos y qué no podemos hacer a la hora de escribir literatura por oficio, no por afición, como se hace en aplicaciones como Medium, de donde ella ha extraído textos, entre ellos, uno que terminó siendo, de manera insólita, premiado por una universidad pública, la UNED en Costa Rica. Oficio y afición, aunque provoquen una agradable sonoridad, no son lo mismo y están lejísimos de serlo.

 

Aquí, entonces, no podemos omitir la existencia, muy en el fondo de todo esto, de un problema cultural mayor: un país que, a través de ciertas personas, no sé si por carencia educativa, vende la idea de ser escritor creyendo que basta con escribir “bonito” unos cuantos versos y publicar en revistas digitales para poder tener libros, sí en plural, libros, porque a pesar de todo lo que he logrado destapar, queríamos correr demasiado. También, farsantes ofreciendo talleres literarios (sí hay personas preparadas y con los atestados necesarios), asunto que ya se convirtió en una herramienta más de marketing y si investigamos más a fondo quizás podríamos hablar de fraude, pues es jugar con el dinero de personas que sólo quieren acercarse a la literatura, aprender y quizás dedicarse a la escritura creativa. 

 

Pienso, francamente, también en el mercado editorial y no necesariamente hablo de dinero, porque aquí hay una publicación gratis de por medio, como parte de un proyecto internacional que lleva varios años ayudando a personas jóvenes y de regiones ignoradas por el ostracismo josefino costarricenses; Musgo, por ejemplo, ya iba por el segundo libro y esta dinámica admite cuestionamientos críticos muy necesarios para el contexto que estamos observando.

 

Alejémonos de impostores y exijamos cambios inmediatamente. Al verlo desde esta posición sí debemos agradecer lo que pasó y mucho. Estamos asesinando a la poesía, "la verdadera" (entiéndase la metáfora, hago la aclaración porque hay gente que no comprende y como dije al inicio, en este mundo que vivimos parece que debemos explicar todo porque muchas personas, al no comprender algo, tergiversan el asunto), la que sugiere desde la mudez del asombro, la que no necesita de nuestras fotografías, sino de nuestra sinceridad interna y la que no nos necesita como individuos narcisistas, nosotros la necesitamos a ella como polis. No parece prudente permitir que ideas del tipo “la muerte del autor” (ahora como metáfora del mundo mediático, no de Barthes, lamento tener que detenerme a editar este artículo para hacer esta aclaración porque me he comprobado que mi hipótesis es cierta: en esta era hay personas que todo lo tergiversan) se lleven a los extremos porque todo extremismo conduce a nuestra decadencia como sociedad. Estudiar historia y aprender de ella nos lo ha demostrado siempre. 

 

5. La piel del lenguaje: ¿un intento de literary forgery en Costa Rica?

 

En este espacio ofrezco cinco sorprendentes ciberplagios (término propio) nunca antes vistos en las letras costarricenses y hallados en el libro La piel del lenguaje (2024). Por este término debemos comprender una suerte de copia de material que se encuentra abierto al público , pues legalmente no tiene registros de autoría, "es de todos" (jurídicamente, salvo que haya un libro de por medio, es así).  Luego de aclarar tal término, debo decir que el libro contenía, como portada, una pintura ajena (retirada de todo sitio de venta). Sin embargo, presentaré sólo ejemplos textuales que  se copiaron y pegaron de distintas plataformas digitales[13], biblioteca de Musgo. En lista de autores y personas[14] cuyos textos han sido copiados aparecen Marguerite Duras, Guada Casas, Perla Zúñiga, Joel Pascual Sánchez, Margot Rot y Ana Gorría. Para todos los casos, coloco el texto plagiado primero y luego su copia[15] en capturas de pantalla propias. Está de más sentarse a valorar la calidad de estos textos, sin embargo, basta decir que este tipo de contenidos suele ser de gran aprobación en espacios digitales debido a razones que ya expliqué, entre ellas, la posibilidad de comprensión inmediata, su falta de profundidad, como si de una de patatas vacía se tratara.  

 

 


 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

(Fragmento del poema “13”. Se utiliza la misma referencia en textos distintos).


 

 

 

6. ¿Conclusiones?

 

Es difícil ofrecer conclusiones ante un fenómeno que se dio hace tres días y que no cuenta con investigaciones algunas en el país. Sin embargo, este caso respecto al libro La piel del lenguaje (2024), el cual, especifico, fue eliminado de todos los canales de venta, eso sí, un hecho histórico para el presente y el futuro de redes literarias costarricenses, nos deja interrogantes muy válidas y lecciones tanto para escritores de trayectoria, quienes intentan promover a jóvenes por distintas razones, como para poetas que se inician. A los primeros, soltar a los jóvenes, no apropiarse de sus caminos, renunciar a promoverlos más allá de sus posibilidades. A los segundos, saber hacer la trayectoria con esfuerzo, dedicación y estudio, renunciando a la tentación de buscar el paraguas de algún maestro que va más allá de las funciones que se esperan y los lanzan a por los  aires, sin que hubieran crecido las alas.

 

A todos, y refiero no sólo a los ciudadanos costarricenses, tener muy en cuenta: 1) que la era cibernética trajo consigo una generación de nativos digitales y con ello apareció la baja cultura mediática y comenzó el aumento de desinformación respecto a los derechos de autores; 2) que existen tipos de plagios, entre ellos el ciberplagio, el cual, pienso, será cada vez más común y por eso la batalla debe fortalecerse desde la educación (es necesario estar preparados e implementar estrategias como por ejemplo talleres); 3) que hay personas, entre ellas docentes universitarios y escritores, promoviendo y aceptando el hecho de utilizar trabajos artísticos de otras personas sin su consentimiento, lo cual le abre las puertas a la literary forgery, como parte de un sorprendente fenómeno de la época ultrapostmoderna y de la caída de la Ciudad Letrada; 4) que no se debe correr tantísimo ante el crecimiento desmedido de un autor novel (no importa la edad) debido a la irresponsable intervención de ciertas personas y la realidad ficticia creada por algunas revistas digitales con filtros cuestionables o sin ellos (¿nuevos cánones de la baja cultura mediática y de la mal entendida democratización literaria?), editoriales, comentarios en espacios cibernéticos, artículos en periódicos y prólogos; 5) que el exceso de ruido está provocando pérdida de cordura en la sociedad y parece necesario regresar al rito; 6) que el salto de una revista digital, donde cualquiera publica (aunque depende de la revista), a un libro en físico (sin dejar de lado el aumento de publicaciones de libros digitales) es un proceso que implica mucha cautela y calma; 7) que existen serios problemas de formación en diferentes sentidos y por eso, muchos actos de plagio son cometidos con inocencia; 8) que existen personas, también contaminadas por su adicción a los medios digitales, creando este tipo de graves acontecimientos para aprovecharse de ello debido a su ansiedad por gloria y fama, 9) que existe un aumento de perfiles falsos en las redes sociales y detrás de ello hay escritores convertidos en personajes literarios como el Quijote; 11) que las editoriales deben estar cada vez más unidas y crear equipos y alianzas profesionales con escritores, filólogos y abogados; 12) que hay una cultura cada vez más violenta, con menos inteligencia emocional y poco capaz de buscar soluciones a este tipo de problemas, sino más bien distorcionarlos o evadirlos y darle prioridad a la vanidad y al ego; 13) que el imperio woke está adquiriendo cada vez más espacio en nuestra cultura; 14) que las redes sociales son el lugar perfecto para el crecimiento de los impostores, 15) que regresar a los antiguos, con criticidad, aguja e hilo, es hallar  luz donde creemos no la hay y 16) que quedan muchas dinámicas por indagar y más de 40 preguntas por responder. CONTINUARÁ...

 

 7. Bibliografía

Álvarez Ayesterán, L. A. (2012). Aproximaciones al plagio literario. Editorial Académica Española.

Estefanía D. (1996). Marcial. Epigramas completos. Cátedra.

Deleuze, G. y Guattari, F. (1980). Mil plateaux (capitalisme et schizophrénie). Les Editions de Minuit.

Maurel-Indart, H. (2014). Sobre el plagio (trad. L. Fólica). Fondo de cultura económica.

Musgo, M. (2024/ fuera de circulación). La piel del lenguaje. Nueva York Poetry Press.

Ortega Carmona, A. (ed., trad.). Quintiliano. Institutionis oratoriae. Universidad Pontificia de Salamanca.

Pérez Reverte, A. (9 de febrero de 2025). “El triste precio de la estupidez”. El mundo. https://www.elmundo.es/opinion/2025/02/09/67a8e316e9cf4a550c8b456d.html

Pereyra, S. (2020). El plagio literario y sus polémicas: un caso argentino, un caso alemán. Actio Nova. Revista de teoría de la literatura y literatura comparada (4), pp. 464-494. https://doi.org/10.15366/actionova2020.4.020

Rodríguez Gaona, M. Contra los influencers. Corporativización tecnológica y modernización fallida (o sobre el futuro de la ciudad letrada. Editorial Pre-textos.

Romero, P. (2022). Palabras tectónicas. Queltehue.

 

LINKS DE REVISTAS HISPANOAMERICANAS DONDE APARECEN POEMAS PLAGIADOS

 

Blog Samoa: https://www.samoa.cr/blog/2024/3/2/dos-poemas-de-maria-musgo

La raíz invertida: https://www.laraizinvertida.com/detalle-3055-303-maria-musgo

Periódico de Poesía de la UNAM: https://periodicodepoesia.unam.mx/autor/maria-musgo/

Poéticas marcianas: https://www.poeticasmarcianas.com/post/querido-diario-queridas-cumbres

 


NOTAS

[1] Con esto no pretendo decir que sólo en Costa Rica. Aunque el contexto tiene mucho que ver y cambian incluso los términos, en árabe, por ejemplo, es sariqa (Vandendorpe, 2004) y puede llegar a hablarse de un poeta de segundo grado.

[2] Aunque difícilmente estoy de acuerdo con sus ideas e incluso, curiosamente ha sido denunciado ante la ley por plagio, en esta ocasión sí debo citar a Arturo Pérez Reverte (2025), para quien “Lo 'woke' es un negocio de pandillas que fingen ser masas populares mediante la infiltración y control del Estado, centros de trabajo y universidades” (párr. 6).

[3] En Institutiones oratoria. Allí mismo, a lo que se suma Petrarca a través de sus epístolas, advierte no caer en el uso excesivo de la imitación porque también es importante, en términos de T. S. Eliot, el talento individual o en palabras antiguas, la invención (inventa). Sin este último recurso, Quintiliano tenía bastante claro que se podía caer en la copia desmedida y banal, lo que podemos dictaminar, desde un plano jurídico, como delito, pues hay un ladrón detrás: Fure est en palabras de Marcial.

[4] Y en Grecia, por medio de Platón y Aristóteles, aparece la μίμησις (mímesis). Véase Pereyra (2020).

[5] Para Aulio Gelio, por ejemplo, en sus Noches áticas, todo clásico es digno de imitación.

[6] La aparición de leyes de derechos de autor marcó un antes y un después, pienso, por ejemplo, en el Estatuto de la Reina Ana (1710). Ya el siglo XIX, con la aparición del romanticismo, abre paso a la controversial idea de la “originalidad”, de la cual T. S. Eliot terminó sacando mucho provecho, según lo trató en sus ensayos.

[7] Ya desde los siglos XV y XVI, por ejemplo, comienzan a aparecer fuertes cuestionamientos contra el ejercicio de la imitación a través de diferentes tratados. Pero también era sumamente aprobado. Esto explicaba por qué Miguel de Cervantes Saavedra es partícipe de esta retórica al imitar a Lope de Vega o copiar el romance popular “el amante apaleado”, aunque hoy se caiga en la imprudencia de justificar los plagios con acercamientos anacrónicos muy pobres en torno a Cervantes.

[8] El propio Marcial encontró en Catulo un modelo de imitación, un motor de creación.

[9] Amantes de los pastiches, las fragmentaciones, los juegos, la banalización de la alta cultura, entre otros aspectos vinculados con una episteme literaria a la manera de rompecabezas en donde se requiere la presencia de un lector activo (letrado, maduro, leído, atrevido). Una cita válida es la siguiente:

En el siglo XX, las nociones de collage, escritura lúdica e intertextualidad se agregan a la confusión y complican cualquier investigación sobre las fuentes. La noción de propiedad literaria y artística sufre un desvío que se encuentra también en la música, con el sampling, método muy discutido de reapropiación apenas reconocible de extractos breves «remixados»” (Maurel-Indart, 2014, p. 47, trad. L. Fólica).

[10] Dejo abierta la duda respecto a cuáles son y no de ella.

[11] A esto me refiero que ya no estamos frente a un pseudónimo, sino a una metáfora de la situación cultural costarricense.

[12] En el mundo académico deben agregarse las referencias, en el artístico no necesariamente. Las comillas y las letras en cursiva son señal (pista) de que no se está haciendo apropiación de textos ajenos, según derechos de autor.

[13] Principalmente “X”, “Instagram” y “Substack”. 

[14] Hago la aclaración porque muchos no son escritores, simplemente son creadores de contenido, amantes de frases cortas para copiar y pegar en sus redes sociales, influencers o perfiles que copian y pegan expresiones de otras personas, escritores o no (lo que implica un plagio de otro plagio. La mayoría de nativos digitales no son conscientes de los derechos del autor, el propio sistema del ultrapostmodernismo los ha utilizado como instrumentos para que no les interesen los derechos de autor ni piensen en ellos. Esto remite a la idea de obras artísticas colectivas y fake literature, lo que promueve y premia la falta de talento y creatividad). 

[15] Se reproducen al pie de la letra, con todo y faltas ortográficas.

 


SOBRE EL AUTOR:  Poeta y lector apasionado. Máster en “Textos de la Antigüedad Clásica y su Pervivencia” de la Universidad de Salamanca, misma casa en donde es investigador predoctoral. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.