DIEGO JAVIER MARTÍN RAMOS  | REVISTA AJKÖ KI No 4

DIEGO JAVIER MARTÍN RAMOS | REVISTA AJKÖ KI No 4

 

 

 

EN UNA DE ESTAS MOVIDAS NO TE PODRÁ SALVAR EL PEDAZO DE CARNE EN TU ENCÍA

 

Un señor elegante está en una cena de trabajo, en el restorán de la ciudad donde hasta las moscas andan con chaleco y usan los cubiertos como corresponde a cada curso.

Al final de la noche están todos repletos y la charla toma el giro inevitable a la sección de Moral, Ética y Política, a lo que hubiera sido conveniente no llenarse tanto de haber previsto que caería tan pesada la comida porque pasa lo de siempre, uno de los clientes va y advierte con su elocuencia y categóricos juicios que no es por presumir, pero. Bla, bla, bla, pero.

El cliente hablando, todo un especialista en la materia y apasionado como el que más, no es que resuelva algo de veras en el país o en el mundo, porque para eso, bueno, estaría uno en cualquier otro sitio y no ahí sentado abriendo la boca a pesar de tener ya la panza llena. El propósito no es persuadir en realidad a ninguno de los sentados a la mesa, sino que todos asientan cansados muy cansados por el parloteo de este sujeto tanto que se les quiten las ganas de hablar o incluso de escuchar. Tan cansados todos, estemos de acuerdo, hagamos el jaja.

El señor elegante pide unos palillos al garzón. El hombre habla que habla. El señor elegante se lleva un palillo entre los dientes y forcejea con el pedazo de carne trabado entre molar y molar y el hombre habla que habla.

El hombre habla que habla el señor elegante remueve y pincha la encía con mucha saña y comienza a brotar sangre.

El resto de los clientes en la mesa el hombre habla que habla miran para el señor elegante que monta todo un espectáculo horrendo y ya no es tan elegante. Aun así, el hombre habla que habla no deja de hablar ni por un segundo. El señor ya no muy elegante remueve con más fuerza el palo y se pincha la encía tan duro que ahora brota una fuente de sangre que le baja por el mentón. El hombre habla que habla el hombre elegante sangre mancha la camisa el mantel los cubiertos sangre un charco de sangre el plato las servilletas miran horrorizados los de las mesas alrededor y el hombre habla que habla. El personal de servicio está igual de conmovido ante el suceso. Mira que mira.

El pedazo de carne parece salir ya. El señor elegante —en este momento nada de elegante— respira agitado, hace una pinza con los dedos índice y pulgar y hala de entre los dientes el trozo de molleja ensalivada y cubierta de sangre y lo estira se estira se estira se estira a lo largo de toda la mesa. ¡Chas! Lo suelta y la molleja regresa a la boca de un tirón que lo hace caer de la silla golpe en el suelo pum y ante el estropicio, finalmente, el hombre habla que habla ahora calla que calla, el público vuelto loco.

Aplauden los clientes las otras mesas el personal de servicio los cocineros que han salido de las cocinas y descorchado el champán, una llamada del Papa quien expresa su agradecimiento y felicitaciones al señor elegante, también el primer ministro que le da la llave de la puerta trasera de la República y lo hace Hijo Ilustre honoris causa y le da una tarjeta de regalos con 15% de descuento a usar antes de fin de año en cualquier gasolinera.

La cuenta, por favor, dice el señor elegante tras colgar el teléfono sonriendo para la foto acomodando la silla llevándose una servilleta a la boca mordisqueando el mismo pedazo de carne masticado y remasticado en quién sabe ya cuántas cenas de trabajo. La cuenta, por favor, repite al garzón, volviendo a acomodar el pedazo de carne entre sus dientes, listo para usar en otra sobremesa de este tipo en el futuro. 

 (Inédito. Cedido para efectos de esta publicación). 


Diego Javier Martín Ramos (Cuba, 1997): Traductor, periodista y escritor. Licenciado en Periodismo de la Universidad de La Habana.  Residente de la XXIII promoción de la fundación Antonio Gala. Miembro de Wilis’ Ensemble, colectivo de jóvenes creadores originado en El Vedado habanero.

 

CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).