EL GRIS NO TE SIENTA
Transito por los pasillos del que fue mi hogar y las paredes no me reconocen. Poso mis manos para quitar el polvo y no alcanzo ni a opacar el haz de luz que cuela por la ventana rota. Miro mis viejas fotografías y no reconozco en el espejo empañado ese hoyuelo de alegría infantil. Mis pies pasan silenciosos entre la basura acumulada y los restos de alimañas muertas. He vuelto a mi casa materna y mi hogar ya no estaba.
Tomo mis penas y me marcho en busca de miradas en las que pueda reconocerme. Busco instintivamente al anciano de enfrente que vivía con su viejo gato flaco de color indeterminado, todavía debe quedar rastros de mi presencia en esos ojos marrones de dilatadas pupilas. Aún debe recordar tu olor a croquetas de pececitos y acelgas que de cuando en cuando le deslizabas a hurtadillas. Siempre amable y colorida, te escondías de la mirada del viejo y alimentabas a su feo gato raquítico, era una delicia de colores verte saltar la verja, cruzar el jardín y llegar a él de azul, verde y amarillo. Maúllo al pasar por su ventana y sólo el viento que atraviesa la casa vacía me responde. No está en pie ni la verja verde, donde se camuflaba en el follaje para arañarme los tobillos cuando no pasabas a mi lado. Todo se ha ido.
Cruzo la calle, me dirijo a la plaza, busco el frescor de sus viejos árboles y el canto de esas alegres aves; busco el azul, el negro, el rojo, el verde, incluso el amarillo, pero todo es gris. Gris el canto del silencio que cae pesado sobre la grisácea plaza desierta. Silencio que empantanó mi vida una fatídica noche de la que nunca saldré, gris que entró volando en unas alas asustadas… ave de mal agüero… mala señal…, mátala... es sólo un pajarillo extraviado, madre… sólo busca la ventana para escapar… mátala, no dejes que te mire… déjala, no puedes matarla por cuentos de viejas… mátala, se llevará tu suerte… no te escucharé, que se vaya… ya es tarde hijo, vuelve a tu casa…silencio.
Sujeto la gabardina con fuerza, combato con el viento que busca arrebatármela e incrustarme el frío. Ya no poseo nada, ya todo se ha ido, suelto el abrigo que se desliza suavemente por la calle llevándose algunas hojas muertas a su paso. Por instinto corro para protegerme de la tempestad que se anuncia en pesadas y frías gotas. Entro al templo, nadie.
El viejo y descuidado órgano se deja tocar por el aire que se cuela por sus altos tubos y entra, pasea y sale llevando consigo una melodía parecida al crujir de las ramas, al quebrar del vidrio o a la exhalación profunda de mis penas que se escapan entre mis costillas. Sólo el viento nos atraviesa a todos y nos une en sinfonía tétrica. No queda un cirio vivo que nos delate, la fuente seca ha dejado su rastro de cal que se amarillea con el paso del tiempo, hoy ya es un feo sarro café. Los retablos, antaño adornados con fe ciega hoy lucen desprovistos de esperanza y alhajas. Ya nadie llega a posar sus rezos en los santos que a falta de oficio también se han marchado en busca de feligreses redimibles.
Paso la noche acurrucado a la cripta del último sacerdote enterrado en la estancia, protector eterno de las almas que le confiaron sus penas. Me acerco y espero que en cualquier momento se aparezca y me bote como a un perro sarnoso. No duermo, el frío traspasa mis huesos y las voces ausentes me aturden… te recogeré todos los días… será sólo fines de semana y en la parroquia… claro… tengo que vestir de gris como las monjas… tus vestidos de colores me encantan… dos horas con niños de nueve a once años… pero eres tan linda… claro que me sienta el gris… y no duermo.
Decían que el fantasma del sacerdote paseaba por la plaza del pueblo acechando a los pecadores, lo espero hasta la madrugada y no llega, quizá también se fue al asumir que ni las viejas almas tenían ya perdón. El pecado fue tanto, tan hondo, tan profundo, tanto que nos alcanzó y nos engulló a todos.
Era un buen padre, el Santo Padre Thomas, que descanse en paz, donde sea que esté, donde haya huido, que descanse por todos nosotros y que ya no rece, que sus ruegos nos condenan.
Amanece y la mañana no llega, salgo a respirar una densa neblina que ansía cubrir toda la infamia del pueblo. Apenas alcanzo a ver mis pies cuando los arrastro en las calles grises donde la malva se va apoderando de cada resquicio a falta de transeúntes despiadados que las maltraten. Avanzo, avanzo y no sé dónde me guían mis pasos, siguen una línea imaginariamente dibujada, una línea traída de tan atrás, de esos días azules, verdes y amarillos. Me dejo llevar por el hilo que me conduce al gris de su presencia ausente. Aun con la neblina más densa del mundo reconocería la silueta. Aun cuando todo se hubiera convertido en polvo y no diferenciarán mis ojos el norte del sur, arriba de abajo, de todos modos, sabría llegar a este lugar. No me trae aquí la material memoria ni las emociones simples, es el propio magnetismo que guía a las aves migratorias, la fuerza que nos cohesiona con el universo, el hilo que nunca nos suelta… y caigo de rodillas ante tu imagen quieta.
Busco el corazón con la mano y encuentro una bomba de tiempo, siento estallar mi cabeza y una imagen va tomando forma y color; azul, verde y amarillo dibujan curvas voluptuosas teñidas de gris. Un tufo amargo brota de mi pecho acompañado por un líquido amarillento y pestilente que se derrama en la gris acera llena de malvas polvorientas. Me recuesto en mi propia mugre y el dolor me invade, ingresa por mis poros con el aroma a vómito, a alcantarilla a lixiviados, a peste, a pecado. En blanco un momento, como cargando recuerdos, la neblina se ha levantado y deja ante mis ojos la cruel imagen que dejé a mi paso por el mundo. No pude evitarlo… perdón… no era mi intención… perdón… no era yo en ese momento… perdón, la amaba… perdón…perdón…
Era un ave de malagüero, hijo, y te ha mirado a los ojos… era una pobre ave que sólo quería escapar… deberías marcharte a tu casa, a cuidar a tu mujer… no hables de ella en ese tono… no entiendo cómo con tantos pecadores hay tantos alumnos… aún no debe terminar su clase de catequesis… … y ese atuendo gris … el gris no le sienta… los curas y sus reglas, en lugar de preocuparse por la moral les afecta más el vestido… ya te advertí que no hables así de ella… se está nublando… el problema es tu mujer… me voy.
Hermoso vestido amarillo, suelto como para que al movimiento de sus caderas juegue la tela con sus piernas. Pañuelo verde que aprisiona una maraña hermosa de cabello negro y rizado, imposible de peinar y de odiar. Azules ojos, rasgo impúdico de la mezcla de sangres prohibidas. Negra piel, blanca alma, transparente moral.
Me levanto sintiendo deslizarse por mi costado una ligera y cálida baba que resbala por mis pantalones y se disipa en la tierra. No me mira, postrada, descalza y no me mira; lleva una mano suplicante al cielo y con la otra sostiene retazos del vestido mientras cubre sus hermosos pechos; cabellos grises revueltos y sucios, rabia; ojos grises, rabia y pena, ahora me mira y es odio ardiente cubierto de resignación.
No importa… te amo… dije que tenías mi permiso… te amo… deja que hablen… no importa… puedes ir… no prestaré oídos… confío en ti…yo sé dónde estás… no tardes… te espero a la salida… te amo…
Rabia, rabia contenida, rabia gris como el ave que se coló por la ventana, rabia vestido que juega con el viento y con sus piernas, rabia ojos azules felices y pelo negro sin pañuelo verde. Rabia libre, rabia roja.
Dirijo mis pasos a casa, ¿qué más podía hacer?, ella me llevó a esto, pero no fui el único culpable, todos me vieron, nadie habló, nadie se acercó cuando ella estaba en el suelo suplicando, nadie sostuvo mi mano antes del último golpe, siempre fui correcto y lavé con sangre y fuego mi pena. Entro y me veo en la única viga que se mantiene en pie, mi cuerpo oscila en armonía con el viento y miro en dirección a tu silueta. Las cenizas tiñen de gris hasta donde alcanza mi vista y cierro los ojos y entro a la casa y quito el polvo y la luz me traspasa.
La amaba y ella amaba a sus hijos y suplicaba. Sangraba y se decoloraba… todos somos culpables… callada, inmóvil, grisácea… por siempre… el gris no te sienta…
(Inédito. Cedido para efectos de esta publicación).
EL PLANTÓN
- Acabo de descubrir que mi enfermedad tiene un nombre, de acuerdo con Jules de Gaultier , yo sufro de bovarismo, ya antes, durante mi juventud había leído la novela de Flaubert y me identifiqué con la protagonista, si bien en esa época no reflexioné del porqué del parecido.
Así pensaba Anita mientras doblaba las sábanas de su cama y recogía la ropa sucia de su habitación. Anita bordeaba los 40 y había entrado en un proceso de depresión que ningún psicólogo de los que había consultado podía sacarla. Cuando se encontraba en esta situación le venía a la memoria la balada de Lucy Jordan recordándole que a su edad nada de lo que a los 16 se propuso había conseguido.
- At the age of 37 she realized she’d never ride through Paris…, larala, lala. Diablos debí terminar mi curso de inglés. Hoy, precisamente hoy, que se cumplen 10 más de los 10 años que me planteé como meta para lograr mis propósitos. Recuerdo que consideraba que ese era tiempo suficiente para aprender dos idiomas, viajar, tener un buen trabajo en el extranjero, de preferencia en tecnología.
Hoy, 10 de julio, a 20 años de distancia de esa noche en la que durante un insomnio se armó su futuro y se planteó metas, hacía que se sintiera en un estado de insatisfacción consigo misma que había llegado a niveles crónicos y no es que Anita no hubiera conseguido nada en su vida. De hecho, había logrado el sueño americano, (un esposo con un trabajo seguro y bien remunerado, una casa propia con un jardín delantero y un patio trasero, una niña de 8 años y un niño de 10, además de un perro pastor alemán, mascota de su niño) también era profesional y trabajaba en una editorial. Su vida había sido buena, todas las mañanas salía a trabajar en esa pequeña oficina, se reía sin ganas de los chistes de sus colegas, los pobres se creían intelectuales por trabajar de editores, algunos hasta se creían críticos de novelas que deshacían con una frase simplona o un comentario escaso de autenticidad. Si bien era cierto que había novelas que no valían la pena ser leídas, había otro tanto que tenía el mérito suficiente para ser compartidas, pero esos seres que se hacían llamar editores las desestimaban negándole al mundo un poco de luz para esas horas ociosas.
- No me encuentro en mi elemento, estas personas me parecen aves de rapiña, caen sobre una novela con ánimos de deshacerlas y peor aún sin ninguna intención de que pasen de ser prospectos. Los odio, los odio tanto o casi tanto como a mí misma, por lo menos yo tengo la virtud… no tampoco la tengo, pero no soy igual que ellos, yo aún creo en la humanidad y en la capacidad creadora de la mente libre… humana.
No en vano ella había participado en jornadas de protesta, creía en la humanidad, todavía pensaba que alguien estaba destinado a cambiar el mundo (quizás ella) y que éste era susceptible de ser cambiado. Desde la universidad activaba en grupos de protesta, protestaban por tantas cosas… una sonrisa se dibujaba en su rostro cuando recordaba su época universitaria. Volvió a mirar a su alrededor, a sus colegas.
- Pobres seres, quien puede vivir como ellos, son tan simples, tan tribales, sus aspiraciones no van más allá de sobrevivir y joder un poco mientras llega la hora de su muerte. ¿Será que soy igual a ellos?, me levanto como todas las mañanas a la misma hora, sigo la rutina de la ducha, desayuno para todos, salida a las apuradas y luego 8 horas de trabajo tedioso para al final volver a la casa con esas charlas rutinarias…Que cómo te ha ido, que otra vez la profesora me ha mandado a llamar al colegio, que tenés un rasguño nuevo en el rostro, que la merienda no es suficiente y habrá que darles en efectivo….Que mi jefe hoy estaba histérico, que la secretaria nueva no sabe ni redactar, que mi colega sigue mis pasos en la oficina.
Toda esa rutina la tenía hastiada, las voces la agobiaban y agradecía en esas horas que tuviera una imaginación bastante cultivada como para escapar de esa tediosa realidad.
- Por Dios, mensaje de Rodrigo, justo hoy que recordaba a mis amigos de la universidad. “Todos a las … en el plantón delante de… los esperamos”.
Sintió como si una vieja y cálida brisa del pasado emanaba de ese mensaje de texto en su celular. Volvió a leer el texto saboreando cada palabra, ahí tenía la puerta de escape de esa rutina que la asediaba. De pronto se iba el tedio y unas ganas de ser la que era hace tantos años volvía y planificaba sus conversaciones con Rodrigo.
- Tanto tiempo sin vernos… ¿Qué ha sido de tu vida?... ¿En serio que te has casado con Valeria, la del cabello corto que estudiaba para socióloga?... He sabido de algunas cosas de tu vida por los medios, cuando proclamas la defensa de los derechos humanos, de los animales, del medioambiente, realmente andas muy ocupado… ¿Te acuerdas de Jorge?... sí el de lentes oscuros que no se los quitaba ni en clases, pues el otro día me lo he topado en la calle y hablamos un rato sobre nuestras actividades en la universidad, de cómo nos divertíamos armando rollo… Él también estaba deprimido porque trabajaba en una oficina pública, imagínate él que jamás fue muy sociable, nos despedimos recordándote como el gran líder que eras, extrañando tus discursos incendiarios pero verdaderos… realmente te he extrañado.
Las voces de sus colegas la sacan de su ensimismamiento, ya es hora del almuerzo y han decidido ir al restaurant que está cerca de su trabajo, como para no tardar porque tienen mucho trabajo atrasado, todos ríen estrepitosamente ante esta idea.
- Realmente parecen hienas. Claro que iré con ustedes… esperen un segundo que recojo mis cosas… hay Carlitos, no exageres, no puede ser tan mala… ¿En serio?... Pero ese error es común en los escritores jóvenes no puedes rechazar una novela por esas nimiedades. En su vida Carlitos podrá hilvanar ni entender una historia en toda su magnitud, por eso es que se dedica a encontrar errores de redacción, le hace sentir creer que sabe. ¿No soy yo igual a él?
Entraron en el pequeño restaurant de la esquina, la comida comprendía tan sólo dos tipos de sopas y dos de segundos, el hambre de Anita se escapa ante este escueto menú, pero siempre es así, no hay de donde elegir, nada especial sucede en esa cocina, la rutina es la norma. Norma, se repite en voz baja mientras toma asiento alrededor de la mesa.
- Seguro estará Norma en el plantón, siempre fue avivada, no le tenía miedo a nadie, recuerdo cuando se enfrentó al rector y le dio su histórica bofetada. Era muy valiente, aún vive sola y aporta con magníficos artículos sobre los acontecimientos políticos, algunos comentarios suyos llegan a influir tanto en la opinión pública que casi no la extraño porque la escucho en todas partes. Norma nunca pude comprender muy bien como lograbas lo que te proponías.
La hora del almuerzo terminó y volviendo a la oficina trató de recordar que había comido, pero ni el rastro de sabor en la boca la ayudaba, solo pensaba en el reencuentro con su viejo camarada, en la emoción de realizar las rutinas universitarias que le aceleraban el corazón. Llamó a casa y dijo que volvería tarde que antes pasaría por el supermercado y que no la esperaran despiertos.
- Ya es hora de salida, mi pulso no afloja, me miran con interés, quizás escuchen como galopa mi corazón, pero nada dicen, solo siento sus miradas que calientan mi espalda. Rodrigo allá voy. He leído un poco sobre la causa, es injusto, como no me he dado cuenta antes. Recuerdo que la semana pasada he tomado otra ruta para llegar al trabajo y al buscar una radio que me acompañe en el trayecto he creído reconocer la voz de Norma, ahora estoy segura de que era ella; a las 7 PM, no olvidar… no quedarse en casa… es hora de que se escuche nuestra vos… si no como podrás justificar tu paso por este mundo… como podrás ver a los ojos a tus hijos…Norma siempre fue tan valiente.
Su coche dobló la última cuadra que la separaba del plantón, no podía encontrar un parqueo, pero esto no la detuvo, estacionó en una acera transitada, se fijó que nadie la viera descender de ese elegante carro, aseguró las puertas y se marchó sin su bolso, vistiendo sólo unas chanclas que usaba las veces que necesitaba caminar sin rumbo cuando le venía la nostalgia.
- Que aire tan puro, recuerdo estas melodías, que jóvenes están todos por acá, casi parezco una anciana al lado de ellos… llamaré a Rodrigo para avisarle que ya llegué. No contesta… no importa ya lo encontraré…cómo ha cambiado, ha ganado un poco de peso, pero esos ojos vivaces y oscuros no cambian… ¿es Norma la que camina a su lado?... ella está igual, delgada, esbelta, pelo corto, ojos claros, mirada serena, esa voz que tiene, tan sonora, tan autoritaria, tan valiente… se acercan… hola, tanto tiempo… claro que no he cambiado nada… yo también los extrañaba…desde luego que sabía sobre este problema y le había hecho un seguimiento sólo que no encontraba como hacer algo, ya saben la familia, el trabajo, esas cosas que hacen la vida de una… pero desde luego que los apoyo, estoy acá y llegué para quedarme… ya están tan cerca… ya siento los pasos tan seguros de Norma… ya escucho su fresca carcajada… ya nos encontramos… HOLA COMPAÑERA.
Norma y Rodrigo saludan apenas, están tan apurados por ir al encuentro de los jóvenes que se suman al movimiento, durante años han trabajado por esta unificación, todos juntos por una causa, eso no se veía hace tanto tiempo que sus pechos se inflaman de orgullo por haber logrado tanta asistencia, enviaron mensajes a todos sus contactos, una vieja libreta de Norma les proporcionó viejos contactos de la universidad, quizás vengan, quizás no, cada uno ya ha hecho su vida, pero nada se pierde con intentar. Sus manos se tienden a la juventud que llega, pocas personas mayores han ido, se encuentran con los recién llegados
- Mi corazón agitado vuelve a su cauce, ya mis manos no tiemblan y la espera que me parecía eterna ha terminado… sé que ha pasado mucho tiempo, miro mis manos y encuentro manchas de sol y arrugas que no había percibido esta mañana… demasiado ruido para mis oídos… muchos jóvenes que gritan sin saber del futuro que les aguarda, viven como si fuera el último día… ayer preparé pollo, hoy creo que nos bastará con una ensalada… debo llamar a mi jefe y presentarle mi informe mensual… ¿por qué va tan lento mi automóvil?... la radio no me trae nada nuevo… Norma ha sido arrestada por enésima vez, ya mañana saldrá y su vida continuará… la última curva antes de llegar a casa… ahí está Daniel, como siempre que llego tarde, esperándome en la entrada… adiós, Daniel… At the age of thirty-seven she knew she'd found forever / As she rode along through Paris with the warm wind in her hair ... Adiós…
(En: Soñando en Vrindavan y otras historias de ellas, 2014).
Alis Rioja (Bolivia, 1982): Artista, filóloga y docente universitaria (1982-Santa Cruz). Formó parte del Colectivo Cultural Pata de Conejo y del Movimiento Artístico Resiliencia. Su cuento, El plantón, obtuvo mención en el “Premio Internacional de Narrativa Femenina Bovarismos 2014”. Publicó su plaquette “Por culpa de Eva” con la editorial independiente “Lengua de Urucú” y es parte de la antología binacional "Bolivia-España por la igualdad" 2022.
Participó en el IX Encuentro de poesía Ciudad de los anillos en la FILSCZ 2022. Como parte del colectivo Turbión del Sur participó en la residencia artística con Materia gris para la XXI Bienal Internacional de Arte Santa Cruz de la Sierra 2020 y en el Comité Organizador de la XXII Bienal Internacional de Arte Contemporáneo SCZ - 2023.
CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).
* Agradecemos a Claudia Vaca por la recomendación.
