MIGUEL ARCHE LÓPEZ | REVISTA AJKÖ KI No 4

MIGUEL ARCHE LÓPEZ | REVISTA AJKÖ KI No 4

 

 

LECTURAS DE VERANO (CASI HAIKU)

 

Libro al regazo

y dos brazos pegados:

sudor estival.

(Inédito. Cedido para efectos de esta publicación).

 


 

MI ABUELO ERA UN ESTOICO

 

Aunque jamás leyó a Séneca

ni llamó αὐτάρκεια a limpiarse

la boca con solo media servilleta.

 

Nunca utilizaba nada

más de lo que necesitaba

y a todos impuso aquel credo.

 

Durante años los primos

hemos hurgado en sus bolsillos

y solamente extraíamos

las otras medias servilletas sin usar

 

(pero nunca monedas)

 

Solo una vez —así empiezan las leyendas—

uno de nosotros volvió de la expedición

con algo de cobre —los mitos tienen esto:

ya ni siquiera sabemos quién—.

 

¡Veinte céntimos repartidos

entre los cuatro primos

como un botín inaudito!

 

De su austeridad a cambio

recibíamos sabios consejos:

trazar diagonales en nuestras rutas

despertar diez minutos antes

por el simple placer de quedarse en la cama

lavarnos las manos para manipular

el santo alimento de la abuela

a quien religiosamente llamábamos

veinte minutos antes de subir a casa

para que pusiera a cocer el arroz.

 

De sus palabras aprendimos también

algo vital: de junio a septiembre

no salir de casa sin adivinar

primero las sombras del camino.

 

(Inédito. Cedido para efectos de esta publicación).

 


 

MAITINES

 

Desde este lado de las cosas

eres porque te nombro

porque habitas las sierras

y las profundidades todas

los cristalinos reflejos del céfiro

y la tierra cultivada.

 

¿Sabe alguien de la verdad que nos envuelve?

 

Tu idioma es extranjero: comprenden

tus signos solamente la luz

y el polvo que te traspasan.

 

Solo en escarcha brota

la palabra sin labio

el contorno de una sombra antes cuerpo.

 

Queda entonces un hueco

el margen del adiós junto al

crujir de letras que es tu nombre.

 

De estas horas inventadas no marches

arraiga aquí tus sentires

bajo el laurel y la hojarasca.

 

Solo sobre este suelo

habrán de cocer como barro

las palabras y los gestos

que jamás pudimos entregarnos.

 

(Inédito. Cedido para efectos de esta publicación).

 


 

CÓMO ALIÑAR UNA ENSALADA

 

Padre sabe cómo aliñar una ensalada

 

 

porque conoce la cantidad exacta de sal

y pimienta: la horma exacta del amor.

 

Padre sabe pelar los kiwis y cortar

rodajas perfectamente concéntricas

 

conoce la técnica milenaria

de doblar una sábana

de abrir las ventanas lo necesario

de prender la luz que cada momento pide.

 

Padre mastica las veces

que hay que masticar

—a veces algunas más

                                a veces algunas menos—

y no llora nunca

                       solo cuando sí.

 

Padre augura y padre recuerda

padre hace y deshace todos los caminos

para que nosotros

cuando hagamos

                         y deshagamos los nuestros

no nos llaguemos los pies los ojos

               o los verbos.

 

Padre calla y padre dice

—poco pero lo justo—

y padre proclama:

 

uno no sabe nada

mientras no sepa

cómo aliñar una ensalada.

(Inédito. Cedido para efectos de esta publicación).

 


CRÍTICA TEXTUAL

 

Figúrate

cuántos ojos habrán juzgado

a Ariadna cuántos a Teseo

qué bocas habrán balbuceado

los versos heroicos de Ovidio

                                     antes que tú.

 

Imaginas pasados míticos

en lo que la mañana

emite su canto de chicharra

 

los ojos se te empiezan a cerrar

viendo insectos           vuelves a abrirlos

por las idas y venidas del sol

 

pero el cuello se te vence y no te culpo.

 

La página que ahora cubres

con tus manos como sin vida

discute las vicisitudes de no sé

qué filólogos sobre un planxit

stravit o texit por los que solo

nosotros nos preocupamos.

 

Lees

 

quamque lapis sedes, tam lapis ipsa fui

y eres tan de piedra en tu gesto

como la piedra que ahora te sostiene

 

 

tua quae possum pro te vestigia tango

y alargas el brazo tras mi rastro

porque te falto un poco

que es algo más que nada

y por eso te disgusta.

 

Nadie recogerá esta lectura

de las Heroides

porque no somos lo suficientemente

filológicos

pero hemos bajado al río

a leer a Ovidio un rato

hemos caído dormidos en el intento

y eso basta.

 

(Inédito. Cedido para efectos de esta publicación).


Miguel Arche López (España, 1999): Graduado en Filología Clásica por la Universitat de València y, actualmente, doctorando en el Departamento de Filología Clásica de la misma universidad. Realiza como tesis doctoral la edición crítica y anotada de la correspondencia epistolar del humanista valenciano Juan Luis Vives. Ha publicado algunos de sus poemas en revistas como Casapaís o Parnaso. Revista cultural universitariay, en 2021, salió a la luz su primer poemario, de la muela, el juicio (Edicions 96), galardonado en los XVIII Premios Universitat de València de Escritura de Creación, en la modalidad de poesía en castellano.

 

CURADURÍA: Yordan Arroyo (Costa Rica).