POESÍA Y MÚSICA:  NOTAS ACERCA DE LA LETRA DE PLUMAS DE NÁCAR

POESÍA Y MÚSICA: NOTAS ACERCA DE LA LETRA DE PLUMAS DE NÁCAR

 

 

 

POESÍA Y MÚSICA:

NOTAS ACERCA DE LA LETRA DE PLUMAS DE NÁCAR

 

Por: Julián Bautista Bernal[1]

Introducción

La curiosa e inextricable conexión entre música y poesía, tan enraizada (o más) en la civilización como los poemas homéricos[2], ratificada hace poco más de un lustro con la entrega del Nobel de literatura a Bob Dylan (asunto, todavía, lleno de discrepancias), y retoñada casi a diario en manos de artistas actuales como la española Rosalía o la norteamericana Taylor Swift, quienes en trabajos como El Mal Querer y Folklore, respectivamente, se invisten como trobairitz posmodernas[3], conoce en la cultura actual un prolífico panorama con numerosos ejemplos dignos de interés y análisis. En España esta situación es igualmente verificable. Si bien ya mencionamos a Rosalía, en las líneas que suceden se abordará un modesto análisis de una canción perteneciente a una artista mucho menos conocida, pero igual de talentosa y con un gusto y estilo similar: Blanca Paloma.

Vida y obra de Blanca Paloma

Blanca Paloma Ramos Baeza es una cantautora y escenógrafa española nacida en Elche en 1989. La música y el arte la han acompañado desde pequeña (muestra de ello es la figura de su abuela, llamada cariñosamente por Blanca como “la yaya Carmen”, de quién absorbió todo su talento y arte cuando le cantaba de pequeña; o su hermana, Sara Ramos, una voz lírica espectacular).  Este poso artístico lo siguió puliendo y optimizando con sus estudios en Bellas Artes, que fueron el trampolín perfecto para que Blanca diese el salto a Madrid y convirtiese el mundo del teatro en su profesión. Así, en esta otra gran pasión suya se ha dedicado especialmente a la escenografía y el vestuario. Aunando todas estas facultades y conocimientos, Blanca Paloma ha conseguido lanzar su carrera más allá, emergiendo en la industria musical española desde un lugar tan artístico como inusual.

Su primer gran hito en el mundo de la música vino de la mano de la canción Secreto de Agua, cabecera de la serie Lucía en la telaraña y que, además, presentó a la primera edición del festival de la canción española, el Benidorm Fest 2022, alcanzando un más que meritorio quinto puesto.

Sólo un año más tarde volvió a ser seleccionada para el Benidorm Fest, en esta ocasión con la canción Eaea[4], una nana flamenca con arreglos electrónicos dedicada a su abuela Carmen, ya mencionada, que catapultó a la artista al primer puesto tras arrasar en el jurado y el televoto[5], concediéndola así el honor de ser la representante española en el festival de Eurovisón. Aunque el resultado en este mastodóntico evento musical europeo fue mucho más discreto que su flamante victoria en Benidorm meses antes, Blanca Paloma consiguió la alabanza del jurado y la prensa tras una brillante actuación. Meses después, fichó con Universal Music para lanzar su primer disco.

Entre estos vaivenes eurovisivos, Blanca Paloma ha publicado únicamente otras dos canciones: Niña de Fuego (Canción del Fuego Fatuo Medley), con sonidos flamencos alineados con el estilo de Eaea y recuperando y mezclando las archiconocidas canciones homónimas y de Manolo Caracol y Manuel Falla[6], y Plumas de Nácar, de la que nos corresponde hablar.

Plumas de Nácar

Aunque presentó la canción al Benidorm Fest 2023 y la cantó extraoficialmente mucho antes de su lanzamiento, este no llegó hasta el 28 de abril de 2023. En la portada del single el componente principal es una Victoria alada de Samotracia teñida de azul oscuro sobre un fondo gris claro, adornado con una silueta abovedada, también de color azul oscuro, que parece proponer la forma de una ventana o una vitrina, y encima el título de la artista en el mismo color con una estrella entre el nombre y el apellido[7]. En primer plano se encuentra el título de la canción con flameantes y atípicas letras en color rojo, un tono cálido que destaca mucho en el conjunto. El color azul de la Victoria, en cambio, recuerda en todo a la Victoire de Samothrace S9, una representación moderna de la Victoria de Samotracia del francés Yves Klein[8].

 

Captura de pantalla propia. Imagen extraída del canal de YouTube de Blanca Paloma.

           

Así nos presenta Blanca Paloma su canción: con un famoso símbolo de fuerza y victoria, una reinterpretación cromática de una de las obras de arte más celebradas y hermosas, mezclando las técnicas y formas de lo antiguo con un azul Klein tan reciente como el siglo pasado. Esas plumas que conforman las alas de la famosísima Niké ahora son azules y ya no son de mármol, sino de nácar. Esta poiquilía y esta mezcla de motivos delata la mano de un artista posmoderno con un criterio y conocimiento artístico muy asentado. La portada, así pues, es una buena muestra de la vena artística de Paloma en lo que se refiere a las artes plásticas.

A primera escucha, Plumas de Nácar puede sorprender por su estética y su sugestiva letra. Con cada verso, la canción abraza un lenguaje poético y lleno de alusiones, en busca de sensorialidad, a la par de alegoría y musicalidad. Cada parte cuenta algo nuevo e invoca una historia envuelta en misterio, folclore y cantos. Es lícito considerar que Plumas de Nácar no es sólo un single de una cantante en lengua española, sino un ejercicio poético. La primera estrofa dice así:

“Que, por tener, no tengo una aceituna,

pero te canto, niño, como ninguna.

Que, por tener, tú tienes dos cada luna,

si no las pierdes ambas, aún queda una.”

 

En rima asonante, los primeros versos de la canción nos trasladan a una realidad acrónica, o, si queremos, ucrónica, pero con una identidad espacial clara y concreta. El vocablo que nos da más pistas sobre esta realidad geográfica es la última palabra del primer verso: la “aceituna”. Aquí no representa un alimento, sino un objeto de valor. Hay una metonimia de la aceituna con una moneda, o, como se diría antaño en España, con un duro o una perra (o peseta). Por tanto, estamos ante un escenario donde impera la pobreza (“que, por tener, no tengo”) y que la riqueza, o la economía, se basa en el cultivo de la aceituna. Esto conecta directamente con un árbol tan extendido por el relieve mediterráneo como simbólico en numerosas tradiciones a lo largo de la historia: el olivo. De entre todos los significados que podemos atribuirle, para este verso en concreto nos decantaremos por uno más secundario y que ya hemos citado: el simbolismo del mundo mediterráneo, casi como un fundamento geolocalizador que sitúa la diégesis de la canción en una realidad agrícola, empobrecida y, por la gran importancia de la aceituna, seguramente ubicada en algún rincón del mediterráneo. Si tenemos en cuenta que la canción es en lengua española y que la cantante es alicantina, la Piel de toro seguramente sea el espacio elegido[9].

El cultivo de la oliva en España está extendido por todo el sur, centro y levante del país, aunque la concentración mayor de hectáreas se ubica sobre todo en Andalucía y comunidades aledañas como Extremadura y Castilla la Mancha[10]. Por ello, vamos a concluir que esta primera línea nos ubica en un ambiente diegético de olivar, seguramente andaluz, cuyos protagonistas son de clase baja. Estos protagonistas se nos mencionan después: un yo lírico, o en este caso melódico, femenino, algo celoso y que se puede identificar con la propia cantante: “pero te canto, niño, como ninguna”. El amado viene presentado como una suerte de Don Juan que vive en la abundancia (tenemos que entender) de amantes, dos por cada luna. Amantes que no le suelen durar mucho. En la estrofa siguiente, el yo lírico prosigue con la narración del romance: 

“Te he abrazado a la vida, bebes mi canto,

absorto, remolino de risa y llanto,

oliendo a primavera y entre los huertos

se convierten en verdes tus ojos negros”

 

Al parecer, la amante ha conseguido engatusar al conquistador (“te he abrazado a la vida, bebes mi canto”) con su canto, como una sirena homérica. Con ella, la vida ha comenzado a ser mucho más intensa: todo ello se traduce en una segunda estrofa teñida en cada verso de una sensorialidad ensalzada con sinestesias, oxímoron e hipérboles.

El primer verso de esta segunda estrofa nos presenta al sentido del tacto, expresado con un abrazo imposible a un ente abstracto, la vida. Al tacto le sigue, en la misma línea, el sentido del gusto: el amante bebe el canto del yo lírico, cumpliéndose así la profecía del primer verso (“pero te canto, niño, como ninguna”) y confirmando el método de conquista de la amante. Por el oído, en cambio, penetran la risa y el llanto, desplegando un remolino auditivo. En el cuarto verso viene claramente expresado el olfato, y lo acompaña un estímulo asociado, normalmente, a lo positivo: el floral aroma de la primavera. Para terminar, tenemos un bellísimo verso que trae el sentido que nos faltaba, la vista, con esos ojos que cambian de color.  De nuevo, estamos en un ambiente agrícola (“entre los huertos”, es la misma diégesis que ya adelantaba la aceituna) y, curiosamente y seguro que no casualmente, las variantes cromáticas que en los ojos cambian son las mismas que las variantes más famosas de las aceitunas: las negras y las verdes. A continuación, se repite dos veces el estribillo, que le da nombre a la canción:

“Con las plumas de nácar…

Con las plumas de nácar

mirando al cielo, salve, paloma loca

prende el vuelo.”

El idilio comienza a tambalear. El yo lírico incita a una paloma (que, teniendo en cuenta el nombre de la cantante, podría ser, mediante un juego retórico, ella misma) a que alce el vuelo y se despida (“salve, paloma loca”), y, por ende, se marche. Eso sí, no sabemos si las plumas de esta paloma son artificiales por estar hechas de nácar, y por tanto si la cantante se estaría erigiendo como un nuevo Ícaro o Niké como la expuesta en el Louvre, o si es una metáfora por el color de las plumas. La última estrofa, la más oscura de todas, la hemos interpretado como una narración el desastroso final de la historia:

“Huida la tormenta, nido vacío,

no es falta de cariño, el mundo es mío.

Somos tan parecidos y diferentes

unos miran de lado y otros de frente.”

 

Ese torbellino de llanto ha terminado por convertirse en un huracán que ha acabado con todo, provocando el vacío del nido (una metáfora de la casa, el hogar, en línea de la identificación del yo lírico con la paloma). Así pues, el segundo verso de la primera y segunda estrofa, respectivamente, tendrían carácter predictivo: el primero, como ya hemos mencionado “pero te canto, niño, como ninguna” adelanta el enamoramiento a través del canto (“bebes mi canto”), mientras que el segundo, “absorto, remolino de risa y llanto” anticipa una relación intensa que no va a acabar bien, que es un remolino de risa, pero también de llanto, que desenlaza en un tormenta destructora cuando los encantos del amante, como sus ojos, desaparezcan y se encuentren frente a frente las personalidades. Así lo confirma el yo lírico en la última estrofa: no es que no se quieran, sino que, a pesar de coincidir y parecerse, también son muy distintos. Parece que el amante no ha actuado total trasparencia, no mira de frente los hechos como el yo lírico; al contrario, nunca muestra una parte de sí, un lado de sí mismo que mantiene siempre oculto.

Ahora, el yo lírico ha volado alto con sus plumas de nácar. El mundo es suyo y no va a estar dispuesto a seguir meciéndose en la inconstante tormenta. Por último, la canción termina con una repetición del estribillo y una nota sostenida, ya una seña de identidad de Paloma, pues también termina Eaea con un belting similar.

Conclusiones

Con esta breve exposición se ha intentado estudiar el lenguaje poético (cuyo universo es inmenso) en Plumas de Nácar. Hemos tenido en cuenta que nos enfrentamos a una canción y no a un poema al uso, aunque las conexiones entre ambos mundos son muchas, así lo comprueba un infinito repertorio bibliográfico sobre el tema. Nuestra labor no ha sido tarea fácil y es un ejercicio completamente subjetivo, de notas, pues hay muy poco publicado sobre la vida de Blanca Paloma, y aquello que se puede leer es meramente periodístico. No hay nada propiamente académico que podamos consultar (y eso que hay mucho que estudiar, un buen conocedor de Lorca o de la música flamenca podría encontrar, seguramente, muchas más referencias y mensajes en clave de los que se han propuesto en este ensayo). Con todo, hemos logrado proponer una lectura personal de la canción, verosímil pero no completamente comprobable (pues la letra en ciertas partes es muy oscura): una historia de amor en la España rural más sureña, entre huertos y olivos, donde el yo lírico, una joven pobre con una voz prodigiosa, consigue enamorar a un joven seductor. Este conquistador nato se deja encandilar por el canto de la que se convierte en su amante, y descubre por primera vez una intensidad sensorial que impregna cada sentido vital. Desafortunadamente, la amada se pondrá en guardia al descubrir un perfil desconocido del chico y, cuando la situación se desborda, ella abre sus alas de nácar y abandona el lugar, en rumbo del mundo, para alejarse de él.

Con esto, solo nos queda esperar que el canto hipnótico de Blanca Paloma siga abrazando a la vida muchos años más y que su talento no caiga en la oscuridad. También, que su música y su arte en general, no pierdan nunca sus referentes, su gusto y esa armonía que la vinculan con la poesía.

 

Bibliografía

 

Estudios y manuales:

Arango, L. M. A. (1998). Símbolo y simbología en la obra de Federico García Lorca. Editorial Fundamentos.

Lord, A. B., Mitchell, S., & Nagy, G. (2001). The singer of tales. Harvard University Press.

 

Vídeos y sitios web:

Equipo Plantae. (s.f). “Olivo en España-VARIEDADES y cuidados-Control de RIEGO I”, Plantae [en línea, consultado en octubre de 2023]. Disponible en: https://plantae.garden/olivo-en-espana-variedades-y-cuidados/

Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. (s.f). “Superficies y producciones anuales de cultivos [en línea, consultado en octubre de 2023]. Disponible en: https://www.mapa.gob.es/es/estadistica/temas/estadisticasagrarias/agricultura/superficies-producciones-anuales-cultivos/

Paloma, B. (28 de abril de 2023). “Plumas de Nácar” [canción disponible en YouTube]. https://www.youtube.com/watch?v=UY-A2dpamhc

Vela, V., (2023). “Quién es Blanca Paloma, la ganadora del Benidorm Fest que irá a Eurovisión”, El Norte de Castilla. [en línea, consultado el 5 de noviembre de 2023]. Disponible en: https://www.elnortedecastilla.es/culturas/musica/blanca-paloma-ganadora-20230205092609-nt.html

 


NOTAS 

[1] Filólogo clásico graduado por la Universidad de Salamanca. Estudió el Máster Europeo en Cultura Clásica por la Universidad de Salamanca y la Universidad de Palermo y actualmente es profesor asociado de griego en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue autor de entradas divulgativas del reciente inactivo blog Notae Tironianae, así como investigador colaborador y autor de un artículo para el proyecto FELHIS: La felicidad en la historia. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Acerca de las composiciones de tradición oral en época antigua se recomienda la lectura de Lord, Mitchell, S., & Nagy, G. (2001), The singer of tales.

[3] Esta reflexión se vino a la mente tras escuchar la ponencia de Naiara Berganzo Besga, con título “La trobairitz o el yo poético femenino en Le Roman de Flamenca y Rosalía”, el 20 de septiembre de 2023 en el I Congreso Internacional de Jóvenes Investigadores en Literatura (JILEHU): Continuidades, intersecciones y desvíos: nuevas perspectivas en la investigación literaria.

[4] Eaea incluye en sus letras, entre otras referencias, simbología lorquiana de la luna, de la que también se hizo eco en su día Rosalía en canciones de El Mal Querer.

[5] En el voto demoscópico consiguió una encomiable segunda posición, solo un puesto por debajo de Nochentera de Vicco, que poco después se convertiría en un súper hit.

[6] Es posible que la inspiración directa de Blanca Paloma fuera la versión de Canción de Fuego Fatuo de Rocío Jurado y no la de Manuel Falla.

[7] Véase en el canal de YouTube de Blanca Paloma.

[8] En una iluminante conversación con mi compañero y amigo Yordan Arroyo, este me desveló que el azul, entre otras connotaciones, es un símbolo cromático propio y común del modernismo. Aún más el tono empleado, el azul Klein, gestado en Francia. Y, al hilo de esto, también añadió que no es casualidad que Rubén Darío llame a su libro emblemático Azul. La mezcla empleada aquí, o sea, azul y rojo, es una forma posmoderna de transmitir la pasión, el éxtasis, los deseos de libertad a través de ello.

 

[9] Sobra decir que estas deducciones son completamente personales y subjetivas y que quizás la aceituna se haya usado sólo para encajar bien la rima y no tenga más trascendencia, o que signifique lo opuesto: que el valor de la aceituna no derive de su utilidad como modo de subsistencia, sino de su escasez, que es lo que la convierte en algo precioso. No obstante, teniendo en mente la influencia de Lorca en otras canciones de Blanca Paloma (y contando con el apego de este con su tierra natal), el interés de la cantante por la música de artistas andaluces mostrado en Niña de Fuego (Canción del Fuego Fatuo Medley) y las raíces de la propia Blanca Paloma, heredadas de la yaya Carmen, que se hunden también en Andalucía, creemos verosímil el análisis que hemos expuesto.

[10] Información extraída de la consulta de la información oficial del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación español y corroborado en otras webs como Plantae (consultadas por última vez en octubre de 2023).